1. El señor Ernesto


    Fecha: 23/09/2026, Categorías: Gays Autor: ISIDRO, Fuente: TodoRelatos

    Me llamo Isidro, tengo 50 años y vivía en un pueblo relativamente grande de la provincia de Toledo situado no muy lejos de Madrid. Y digo vivía porque hace aproximadamente dos años mi vida dio un giro de 180º hasta el punto de echar la vista atrás y no terminar de creerme del todo mi vida actual.
    
    Ocurrió que un año antes me separe de mi mujer. Era un hecho cantado porque se lio con uno de los vecinos del bloque y como no estaba dispuesto a ser un cornudo consentido, la mande a freír espárragos. Al no tener hijos, la situación se resolvió de manera c amistosa, se procedió al reparto de los bienes gananciales, Cristina siguió su camino y aquí paz y después gloria.
    
    Como a la par de mi separación tuve un accidente laboral relativamente grave y quedé eximido del trabajo a cambio de una paga relativamente generosa, poco después de mi separación mis días se tornaron lánguidos, grises y monótonos a partes iguales, de tal forma que casi sin darme cuenta, caí en una depresión de tomo y lomo. Me costaba horrores levantarme para afrontar el día, perdí el apetito y pasaba horas y horas tumbado en la cama con la única compañía de mi teléfono móvil, los auriculares y la aplicación Spotify como único consuelo.
    
    La única excepción a mi enclaustramiento lo constituían las esporádicas salidas que realizaba al supermercado, la panadería y la farmacia, donde iba a por mí suministro mensual de Xeristar y Lorazepam, un antidepresivo y una benzodiazepina que aliviaban en mayor o menor ...
    ... medida mi estado ansioso-depresivo.
    
    La farmacia tenía dos auxiliares, Fátima y Aurora, dos veinteañeras muy diligentes en su trabajo y el dueño de la farmacia, el señor Ernesto, un hombre de unos 58 años solicito y muy atento que cada vez que me veía entrar por la puerta, de forma invariable, me atendía personalmente y siempre me formulaba la misma pregunta:
    
    —¿Cómo se encuentra hoy Isidro?
    
    —Bueno..., hoy no está siendo mi mejor día —respondí
    
    —Anímese hombre, que usted es una persona muy joven y no será ni el primero ni el ultimo que se separa.
    
    —No soy tan joven. Ya tengo 48 años y pesan lo suyo.
    
    —Pues yo a usted le veo joven y aún muy atractivo —me soltó, al mismo tiempo que me guiñaba el ojo, me miraba de arriba abajo y me extendía la bolsa con las medicinas.
    
    Pagué los medicamentos y salí de la farmacia sintiendo la mirada del señor Ernesto fija en mi espalda. Al llegar a mi piso, no volví a pensar en ello, dejé las medicinas en la cómoda de la entrada y me encaminé hacia la cocina a preparar la comida del día.
    
    Una semana más tarde, iba caminado por la calle en dirección a la ferretería de los Hermanos Oviedo cuando alguien me llamo. Me di la vuelta y vi al señor Ernesto, cruzar presurosamente la calle y dirigirse hacia mí, hasta que llego a mi altura y me estrecho la mano efusivamente.
    
    —Buenos días, Isidro ¿Cómo esta?
    
    —Hoy algo mejor —respondí de manera poco convincente
    
    —¡Me alegro mucho! —exclamo. Y a continuación añadió—:si no tiene nada que ...
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