1. El señor Ernesto


    Fecha: 23/09/2026, Categorías: Gays Autor: ISIDRO, Fuente: TodoRelatos

    ... ciertamente desvalido.
    
    Un lunes, a eso de las 16:30 de la tarde, me encontraba en el piso vestido con unos pantalones cortos de atletismo y una camiseta de manga corta con el fin de mitigar el calor que por todas partes parecía filtrarse, cuando oí el timbre de la puerta. Me fastidio tener que levantarme a abrir porque me estaba quedando adormilado y pensé que era la pesada de mi vecina Paula, con alguna de sus lamentables quejas acerca de esto, aquello y lo de mas allá
    
    Contrario a mi costumbre, abrí la puerta sin mirar por la mirilla y al hacerlo el corazón me dio un vuelco porque era él.
    
    El señor Ernesto estaba delante de mí en la puerta, sonriéndome.
    
    —¡Sorpresa! —exclamo, a la par que se adelanto un par de pasos y me abrazo muy efusivamente, abarcando todo mi cuerpo.
    
    —Le he echado mucho de menos —fue lo único que atine a decir, casi mudo por la sorpresa.
    
    —Y yo también a usted, amigo mío —me dijo, aflojando poco a poco su abrazo de oso, como si le costara despegarse de mí.
    
    —Me ha dejado usted sin aliento —dije
    
    —Sin aliento le va a dejar este regalo que le he traído de Paris —declaro el señor Ernesto—. Creo que cuando lo vea le va a gustar mucho y lo único que le pido es que lo abra cuando yo me haya marchado.
    
    Y dicho esto, me extendió una cajita cuadrangular forrada con un papel de color purpura y un lazo amarillo pulcramente decorado con orlas que hacia las labores de cierre.
    
    Cogí la caja con el regalo, me quede mirándolo fijamente unos ...
    ... instantes sin saber bien que decir y finalmente le invite a entrar.
    
    Estuvimos hablando en el comedor de manera ininterrumpida casi dos horas de variopintos temas, siendo testigo de ello no menos de 8 latas de cerveza y otros tantos vasos. Yo no estaba acostumbrado a beber mas de 1 lata de cerveza al día y esa tarde cuatriplique mi media, aunque estaba tan a gusto con su presencia que me deje llevar y en un momento concreto me di cuenta de dos cosas: la primera que tenía ese puntillo antecesor a la borrachera y la segunda que el señor Ernesto cada vez estaba más pegado a mi y me agarraba las manos, me sobaba los brazos o me ponía las manos en ambas piernas.
    
    Y yo me dejaba hacer porque estaba cálidamente confortable con su presencia.
    
    Me di cuenta de que prácticamente me estaba sobando íntegramente casi todo el cuerpo, cuando di un respingo y me levanté del sofá, con la excusa de ir a la cocina a dejar el tropel de latas de cerveza y vasos que se habían acumulado en la mesa. Provisto de una bandeja, llegue a la cocina y las deje en la encimera con la idea de tirarlas mas tarde al cubo de la basura.
    
    Y al girarme, allí estaba él, mirándome fijamente, con una mirada que oscilaba entre la prudencia y el deseo.
    
    Y de repente, sin darme tiempo a nada, me agarro por el culo y me atrajo hacia él, manteniendo mi cuerpo apretado contra el suyo, sobándome y sobándome sin parar.
    
    —Se…ñorrr…Ernesto —balbucee, sin oponer apenas resistencia
    
    El no me dijo nada, se limito a seguir ...
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