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El señor Ernesto
Fecha: 23/09/2026, Categorías: Gays Autor: ISIDRO, Fuente: TodoRelatos
... hacer, le invito a un café en el bar de la esquina. Y como efectivamente no tenía nada que hacer ni esa mañana ni en otras tantas calcadas a la misma, acepte su invitación y nos encaminamos hacia el cercano bar que parecía aguardarnos con los toldos echados a modo de improvisadas bocas de entrada. La conversación que mantuvimos en una de las mesas del bar fue muy distendida y amigable y se prolongo por espacio de una hora. Ernesto se mostro locuaz, en extremo simpático y me refirió algunas cosas de su vida como que siempre había permanecido soltero, que era poco amigo de alternar con mujeres por los quebraderos de cabeza que siempre le habían ocasionado y que tenia su residencia en Madrid, por lo que todos los días, salvo los fines de semana, iba y venia a la farmacia de su propiedad. Por mi parte le conté que aún estaba bastante deprimido, que los amigos y la mayor parte de la familia por circunstancias de la vida quedaron atrás y en consecuencia estaba prácticamente solo en el mundo, así como que en mis últimos 25 años había sido cocinero profesional. Esta última confidencia pareció provocar en el señor Ernesto un interés inusitado y me formuló diferentes preguntas acerca de mi oficio. Pareció muy satisfecho con las respuestas y en un momento determinado la conversación concluyo y nos levantamos de la mesa para despedirnos. Y fue en ese momento cuando me percaté, vi por primera vez lo hombretón que era el señor Ernesto. Según mis cálculos, mediría casi un metro ...
... noventa de estatura, de complexión fuerte y poseía una voz grave y aguda, lo cual comparado con mi metro setenta y seis centímetros y setenta y dos kilos, más mi voz aflautada y mas bien débil, me daba de la impresión de estar en presencia del Goliat bíblico. Antes de marcharse, me pidió el teléfono con el propósito de quedar para vernos vez en cuando ya que me confeso que la conversación y el rato pasado conmigo le había resultado muy agradables. Le di mi número, lo anoto en la agenda de su móvil y al terminar de hacerlo, de repente y sin previo aviso, me agarro por la cintura, me atrajo hacia el y me dio un fuerte abrazo en la espalda a modo de despedida. La semana siguiente a nuestro encuentro en el bar no tuve noticias del señor Ernesto y tampoco fui a a la farmacia a por mí medicación. Sin embargo, al octavo día, a eso de las 10 de la noche recibí un mensaje de What Shap en el que él me decía que tenía un rato libre y que quizás podríamos vernos para charlar un rato. A pesar de lo intempestivo que esa hora representaba para mi dado mi estado de ánimo, le dije que sí y quedamos en una cafetería situada en el bajo del bloque de enfrente de mi piso. Me vestí rápido, baje por el traqueteante ascensor salir a la calle, enfile hacia la cafetería y… para mi sorpresa el señor Ernesto ya me aguardaba en la puerta de entrada. —¿Cómo ha podido llegar tan rápido? —inquirí, entre sorprendido y confundido. El señor Ernesto se echó a reír, con una risa empalagosa que mostraba ...