1. El señor Ernesto


    Fecha: 23/09/2026, Categorías: Gays Autor: ISIDRO, Fuente: TodoRelatos

    ... unos dientes blancos y perfectamente alineados que resultaba muy grata de ver.
    
    —Utilizando mis dotes detectivescas —respondió—. Intuí que usted me iba a proponer para nuestro encuentro el bar o cafetería mas cercano a su domicilio y cuando le he enviado el What Shap ya me encontraba aquí.
    
    —Pues ha acertado usted de pleno.
    
    —¡Elemental querido amigo! —exclamo efusivamente, a la par que me agarraba por un lado de la cintura con una mano mientras con la otra abría la puerta para que ambos accediéramos al local.
    
    A ese segundo encuentro siguió un tercero, al tercero un cuarto y rara era la semana que no nos veíamos dos o tres veces. Nuestras tertulias eran francas y amistosas y los paseos muy agradables. Así, casi sin darme cuenta, el y yo nos convertimos en íntimos amigos, aunque he de confesar que algunas noches, sumergido en la oscura soledad de mi habitación, me sentía azorado porque me puse a pensar como en ocasiones el señor Ernesto me ponía la mano en una pierna cuando nos sentábamos en un banco, me agarraba por la cintura a la mínima oportunidad que tenía, me abría la puerta del coche para que entrara o me acompañaba hasta el portal.
    
    “Me trata como si fuera su novia” —pensé.
    
    Esa misma noche, ese pensamiento se convirtió poco a poco en certidumbre y para mi sorpresa, me resulto terriblemente excitante por lo novedoso que esta situación representaba para mí al descubrir que el señor Ernesto me atraía de un modo que se me antojaba incomprensible. Y es que, ...
    ... a pesar de que jamás en mi vida se me había pasado por la cabeza tener relaciones con hombres, descubrí para mi asombro que los dos últimos meses que había disfrutado con su compañía, habían sido para mí los mejores en mucho tiempo y constituyeron en sí mismos una verdadera terapía para mi depresión.
    
    A la mañana siguiente recibí un What Shap en el que él me comunicaba que no podríamos quedar para vernos en un periodo que oscilaba entre los 7 o 10 días porque tenía que asistir a un Congreso de Farmacología que se celebraba en Paris. Finalizo el mensaje con un icono de carita con dos corazones.
    
    Leí su mensaje dos o tres veces con evidentes signos de disgusto porque el señor Ernesto y su grata compañía se habían convertido en un alivio para mi soledad. Respondí a su mensaje diciendo que le iba a echar de menos nuestros encuentros y después de pensarlo durante unos segundos, le respondí con el mismo icono de cartita con dos corazones.
    
    Esa semana se me hizo eterna, solo aliviada por los escasos What Shap que intercambiamos, ya que él me dio a entender que estaba muy ocupado asistiendo a las conferencias del Congreso. Apenas salí de piso y cuando lo hice, di esporádicos paseos por aquellas zonas que él y yo solíamos frecuentar, o me tomaba un refresco en aquellas terrazas donde departíamos amigablemente, protegidos del riguroso calor del verano al amparo de los generosos toldos que cubrían las mesas.
    
    Esos días me di cuenta de lo mucho que le echaba de menos y me sentí ...
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