-
Un inolvidable fin de semana
Fecha: 24/09/2026, Categorías: Erotismo y Amor Autor: suspense, Fuente: CuentoRelatos
Siempre recordaré aquel fin de semana, está tan presente en mi memoria que parece haber sucedido ayer, cuando lo cierto es que han pasado ya diez años. Aún en ocasiones cuando escucho tu nombre “Cristina” me giro para intentar descubrir si eres tú. Fue un verano extraño, me había pasado la mayor parte del mismo con unos amigos en la Sierra, nuestra intención era hacer escalada y montañismo, y así transcurrió casi todo el verano, pero cuando el mes de septiembre se aproximaba recibí una llamada de mis abuelos, una nostálgica llamada que me hizo recordar mis veranos de niño en el norte de España y decidí aceptar la invitación para pasar un fin de semana con ellos. El pueblo parecía no haber cambiado mucho, múltiples casitas diseminadas por todas partes, colores luminosos, el puerto con sus barcos pesqueros de muy diversos tamaños y el bullicio de la gente entre los distintos puestos del mercadillo del casco antiguo. Todo como una postal sacada del tiempo. Abrazos y charla con la familia lo primero, hacía mucho que no les veía y después, era más que evidente que necesitaba un corte de pelo, y es que mes y medio en la montaña había hecho estragos en mi cabello. Llegué a una coqueta peluquería y me decidí a entrar, allí te descubrí, allí me quedé alelado contemplándote, tu pelo rubio lleno de rizos, esos ojos verdes profundos y expresivos, esa boca carnosa siempre sonriente. Te dirigiste a mí con una bata blanca mojada y salpicada de jabón. —¿Qué desea?, tu voz ...
... me despertó de mi embelesamiento. —Quería cortarme el pelo, ¿puede ser? —Sí claro, pero has de esperar unos minutos, enseguida estarán contigo, puedes sentarte y leer algo si te apetece. —Gracias. Mientras esperaba te observé más detenidamente, no sólo te encargabas de recibir a los clientes, también lavabas los cabellos de aquellos que esperaban su corte de pelo. Aunque era una peluquería unisex lo cierto es que yo era el único varón que había, así que la mayoría de las mujeres charlaba animadamente sobre distintos asuntos. Me acompañaste a la silla para el lavado y yo te seguí como un cordero que va al matadero, el agua templada empapaba mi pelo, tus manos lo acariciaban. Tus dedos me enjabonaban, ensortijaban mi cabello con caricias relajantes, te movías detrás de mí con soltura y movimientos felinos. Tus pechos rozaban de vez en cuando en mi espalda y yo cerraba mis ojos como en un duerme-vela intentando controlar mi erección a la vez que deseando que aquello no terminara nunca. Todo tiene su final, y yo iba a que me cortaran el pelo, así que la peluquera llegó y llevó a cabo su tarea, tú mientras atendiste a otra cliente y ya no te vi. Una vez terminado pagué y me fui. Eran las diez de la noche, estábamos en una terraza cerca del puerto y de repente te volví a ver, radiante, como una estrella luminosa, te acercaste a mi mesa y saludaste a uno de mis primos y este nos presentó. Me perdí en tu mirada, fue como caer en un pozo profundo, sin fondo ...