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Un inolvidable fin de semana
Fecha: 24/09/2026, Categorías: Erotismo y Amor Autor: suspense, Fuente: CuentoRelatos
... se buscaban, teníamos ansiedad el uno del otro, tu saliva saciaba mi sed, nuestras lenguas batallaban como si de espadas se tratase. Te pusiste en pie y lentamente metiste tus manos bajo el vestido y te quitaste las bragas. Desabotonaste mi pantalón y me lo bajaste junto con mis calzoncillos, y te sentaste sobre mí. Tus manos aprisionaron mi pene, tus dedos lo recorrían de arriba abajo, masturbándome como nunca nadie lo ha hecho. Mis manos mientras acariciaban tu hermoso culo bajo tu vestido, te acariciaba intensamente, notaba tu sexo palpitante y húmedo. Acercaste tu boca al mástil en que se había convertido mi sexo y lo engulliste como si la vida te fuera en ello, empapándome con tu saliva que caía por las comisuras de tus labios goteando sobre mis testículos, lamías y besabas con frenesí, con glotonería, hacías que me volviera loco, que perdiera la noción de todo. Mis manos te cogieron de la cabeza, te separaron de mi pene ya absolutamente lubricado y con una imponente erección. Te besé, te lamí el cuello y también los pechos, y chupé de tus pezones como si volviera a ser un niño. Mientras tú, levantaste un poco tus caderas, con tu mano izquierda abriste tu sexo y con la derecha aproximaste mi pene a la entrada de tu vagina. Y yo, despacito, fui empujando mis caderas, disfrutando de la presión que tu sexo ejercía sobre el mío, hasta que estuviste completamente ...
... penetrada. Te hice el amor como un loco, como si fuera el día del juicio final (porque lo cierto, es que para mí, era como si lo fuese), te empalé como nunca antes lo había hecho con ninguna otra mujer, mi pene entraba completamente y salía casi por completo, el ritmo era alto, y cada vez iba a más, hasta llegar a ser casi infernal. Gemías, casi gritabas, y yo continuaba penetrándote sin descanso, sin tregua alguna, tu sexo me empapaba, habías tenido ya un par de orgasmos y mi pene seguía perforándote, horadando tu interior, hasta que por fin, los dos llegamos a un orgasmo casi conjunto que nos inundó por completo. Quedamos completamente exhaustos, tu cuerpo sobre el mío, y yo aún dentro de ti. Jamás he vuelto a hacer el amor como aquel día, jamás. Se había hecho tarde, al día siguiente tenía que madrugar para coger un tren, era el momento del adiós, aunque ninguno de los dos quería reconocerlo. —No te despidas de mí, no me gustan las despedidas, tan solo un “hasta luego” o un “ya nos veremos”, pero nada más. Me besaste por última vez, con los ojos húmedos y brillantes, te diste la vuelta y corriste, sin volver la vista atrás, sin dejarme decir nada, aunque nada había que decir. Y ese fue el final. Hoy, casi diez años después, te recuerdo con melancolía, aquí, sentado nuevamente en el espigón donde hicimos el amor por última vez, en el último lugar donde te vi.