1. Un inolvidable fin de semana


    Fecha: 24/09/2026, Categorías: Erotismo y Amor Autor: suspense, Fuente: CuentoRelatos

    ... casi.
    
    Habíamos tomado unas copas y decidimos pasear, mis primos se detuvieron al rato a charlar con unas amigas y mientras nosotros continuamos el paseo. Casi no hablábamos, sólo caminábamos y nos mirábamos, miradas penetrantes que decían tanto y a la vez nada. Me cogiste del brazo y sentí tu calor en mi costado, unos metros más adelante tiraste de mí y me condujiste por una callejuela estrecha y oscura, me deje llevar como si fuera una cometa.
    
    En un recodo de aquella calleja había un pequeño parque, unas flores, un par de bancos y una solitaria mimosa. Nos sentamos y me miraste a los ojos. Acerqué mis labios a los tuyos y nos besamos, dulcemente al principio, saboreando nuestros labios, explorándonos con las lenguas, pequeños mordiscos y juegos nos llevaron a besos más frenéticos y apasionados, acariciaba tu pelo mientras tú lo hacías con mi espalda. Tu cuello era suave como si de seda se tratase, lo acaricié y luego dirigía allí mis labios, te besé, te lamí, tu respiración se hizo más dificultosa, de tu garganta salían pequeños y casi imperceptibles gemidos.
    
    Mis manos bajaron a tus pechos, los acariciaban sobre tu vestido negro, notaba cómo tus pezones se erizaban bajo tu delicado sujetador, los acaricié, los amasé, los estiré y los hice balancearse, tus gemidos subieron un poco de tono, y de repente, te levantaste, te sentaste sobre mí.
    
    Ahora eras tú quien llevaba la iniciativa, llevaste tus manos a tu espalda y soltaste el sujetador, me miraste a los ...
    ... ojos, mis manos bajaron los tirantes de tu vestido y también los de tu sostén. Ante mí aparecieron dos pechos hermosos, como dos copas de champagne, con dos grandes y oscuras aureolas coronadas por dos pezones prominentes.
    
    Mis labios se acercaron a ellos, los besaron, mi lengua jugaba con tus pezones, los lamían, los chupaban como si en ello me fuera la vida, tu cuerpo temblaba, sudabas y yo me bebía tu sudor, te acariciaba y tú te movías como una serpiente sedosa.
    
    Tus manos bajaron a mi pantalón, lucharon y vencieron a mi hebilla, desabotonaron uno a uno los botones de mi bragueta y tu mano entró dentro de mis pantalones, acarició mi sexo sobre mis bóxer.
    
    —Oh Dios, Cristina me matas. Tú consigues que me derrita.
    
    Tu mano penetró bajo mi calzoncillo y tomó con dulzura mi sexo ya en bastante erección, lo acariciaste suavemente, un dulce y ligero vaivén. Sacaste mi pene a la luz de la luna y las estrellas y mientras yo te besaba los pechos comenzaste una lenta y rítmica masturbación. Tus dedos se desplazaban sobre el tronco de mi pene como si eso fuera para lo que estuvieran hechos, jugabas con mi glande y hacías que me estremeciera de placer, alterabas el ritmo de tu mano para que mi sexo no se acostumbrara y estuviera siempre al máximo de excitación. Yo te chupaba los pezones con avidez, con fiereza, comiéndomelos, casi mordiéndolos. Tu mano aumentaba el ritmo y yo me moría de placer.
    
    Te bajaste de mis rodillas, y me miraste con esa sonrisa pícara y burlona, te ...
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