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Intercambio entre hermanas - completo (cap. 01)
Fecha: 24/09/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Abel Santos, Fuente: TodoRelatos
EL COMIENZO DE TODO FRAN El día en que mi mujer, Marta, me dijo que quería que me follara a su hermana, el corazón se me paró durante varios segundos. Ya sé que la frase suena bastante grosera, pero es que mi mujer es muy mal hablada cuando se enfada, y solo cito sus palabras de forma literal: «Estoy harta de Ana, es una engreída y una traidora, necesita un correctivo que no olvide en su vida. Tienes que seducirla y follártela hasta que se cuelgue tanto de ti que no pueda vivir sin tenerte. Entonces le diremos que solo era un juego y nos reiremos en su puta cara. Será una lección que no olvidará mientras viva». Aunque no podía imaginarlo, ese día mi vida estaba dando un vuelco y comenzaba a quedar patas arriba. «Nuestra» vida, incluida la de Ana, para ser exactos. * —Hay que darle un escarmiento —repetía iracunda—, pero no un escarmiento cualquiera. Tiene que ser una humillación que no olvide jamás. Estábamos tumbados sobre la cama, aunque sobre la colcha y aún vestidos de calle. —Vale, cariño —le decía yo, intentando calmarla—. Pero no grites, por favor, que Ana está en una de las habitaciones de invitados y puede oírte. En realidad, la habitación de invitados estaba a tanta distancia de la nuestra en el enorme piso en el que vivíamos, que había que hablar a gritos para que su hermana nos pudiera oír desde ella. No obstante, a medida que Marta se realimentaba con sus propios comentarios, tenía la sensación de que llegaría a gritar histérica si ...
... no conseguía apaciguarla. Y que nos oiría no solo Ana, sino toda la vecindad. —Ya, ¡perfecto! —me echó en cara—. ¿Y quién es el responsable de que esté en la habitación de invitados en lugar de en la residencia de estudiantes? Es por tu culpa, so bobo, que eres el buenazo de la familia. ¿A quién se le ocurre sugerir que podía quedarse en nuestra casa mientras estudia las oposiciones en Madrid? ¡Ja… qué bien! Mi padre soltando la pasta… la nuestra, de las dos, que lo sepas…, y ella viviendo de la sopa boba de su hermanita Marta y del tonto de su cuñado. Marta tenía las venas del cuello hinchadas y temí que se le fueran a reventar. —Vale, cielo, de veras que lo siento… ¿Pero por qué no te tomas un calmante? Te va a dar algo ¿Se puede saber qué ha pasado? —No importa lo que ha pasado, ya te lo contaré más despacio otro día, es una historia muy larga —replicó—. Lo que importa es lo que va a pasar. —Joder, Marta, relaja… Se quedó pensando. Podía sentir que la cabeza le bullía como una máquina de relojería. Estaba a punto de soltar una de sus ideas extravagantes y yo temía que me iba a tocar de lleno. No me equivoqué. —Mira, tengo un plan —me tomó la cara con las dos manos y me miró fijamente—. Y no me digas que estoy loca y que estoy improvisando. Este plan lo he ido madurando durante la Semana Santa. Y en él tú eres una parte fundamental. Te necesito como nunca te he necesitado antes. —¿Plan…? ¿Qué plan…? —pregunté timorato. Lo que había sospechado se iba ...