-
Intercambio entre hermanas - completo (cap. 01)
Fecha: 24/09/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Abel Santos, Fuente: TodoRelatos
... Barcelona, el tema de la herencia de la fortuna del padre había salido a la palestra. Y, según sus propias palabras, había descubierto que su hermana había estado maniobrando a sus espaldas en connivencia con la mujer de su padre, casado en segundas nupcias tras la muerte de la madre de ambas. —¿No lo entiendes? —decía Marta—. Su objetivo es que mi padre me saque del testamento. Se ha aliado con esa bruja para dividirse entre las dos mi parte de la herencia. Han estado elucubrando como harpías aprovechando que yo falto de la casa desde que me casé contigo, y mi padre se ha tragado el anzuelo. ¡Estoy casi fuera! Solo un milagro podrá evitar que me quede sin nada… —Espera… no te embales, por favor… —la detuve—. Pero eso es imposible… En la ley española no se puede desheredar a un hijo de la parte «legítima» de la herencia salvo en casos extremos. Tú eres abogada, debes saberlo… —No, no es así… —gimoteó—. La ley española no cuenta en Cataluña. Allí existe una ley de herencias autonómica y el legador puede desheredar a quien le dé la gana sin dar explicaciones. —Vaya, no puedo creerlo… ¿Estás segura? —Sí… joder… La abracé y estuvo sollozando bajito sobre mi hombro. Estábamos recostados sobre la cama y, al sentirla tan cerca, mi perenne erección de cuando estaba a su lado pareció renacer. Preferí pensar en otra cosa para reducirla, en aquellas condiciones Marta podría mandarme a la mierda si me insinuaba. Y lo haría con razón. Pensé en la familia de Marta y en ...
... Ana. Conocía a mi mujer desde hacía doce años, y a Ana desde unos diez. Por aquella época, mi mujer ya pasaba de la veintena —ella y yo teníamos casi la misma edad—, mientras que Ana era una renacuaja de catorce. Debo decir que si me detenía a pensar en mi cuñada a lo largo de los años en que la había tratado, no podía resaltar nada malo de ella. Ana era cariñosa, amable, generosa… Lo había sido de niña y, al llegar a la adolescencia, no había cambiado un ápice. Quizá recordara un par de episodios de rebeldía juvenil, pero habían sido excepciones en una jovencita que en general no había dado grandes quebraderos de cabeza, ni a sus padres, ni a la misma Marta. De hecho, al morir la madre de ambas cuando Ana contaba cuatro años, Marta había tomado el papel maternal y, más que una hermana, había sido para Ana una madre sustituta. Su padre se había vuelto a casar con una mujer veinticinco años más joven que él. Carmen era su nombre. Y, en su caso, sí que guardaba recuerdos de una mujer que se comportaba como una «madrastra» de cuento, disputándole a las niñas el amor del padre. Ello, a pesar de que entre ella y yo había existido una aventura un tanto peculiar, aunque eso era otra historia. Que aquella mujer estuviera elucubrando para que el patriarca dejara a mi mujer sin blanca en el testamento, lo podía entender. Pero, que lo estuviera haciendo Ana apoyada en la «bruja», no había por donde cogerlo. Por más que lo pensaba, no llegaba a creerlo del todo. Apunté en mi ...