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Hospital comarcal (8)
Fecha: 25/09/2026, Categorías: Hetero Autor: Ricardo Lomas, Fuente: TodoRelatos
... los últimos días. Igual es verdad que un clavo saca otro clavo. Estaba terminando de ajustarme el cinturón frente al espejo cuando sentí un leve chasquido de la puerta del baño. Yo seguí con lo mío sin esperar lo que iba a pasar a continuación. —¡Buh! —soltó Virginia justo detrás, con la voz todavía ronca del vapor caliente. Di un pequeño bote. No lo suficiente para gritar, pero sí para que se me escapara una mueca de susto real. —¡Joder, Vir! —me giré de golpe, con el corazón acelerado— ¿Quieres matarme? Pero el susto se me evaporó en cuanto la vi. Estaba de pie en el umbral, envuelta en una toalla blanca que apenas le llegaba a medio muslo. El pelo mojado, suelto, pegado al cuello y los hombros, le daba un aire salvaje, de sirena recién salida del mar. Las gotas de agua le resbalaban por el escote, siguiendo un camino lento entre los pechos, que la toalla apenas contenía. Tenía la piel sonrosada por el calor de la ducha y una expresión relajada, divertida. Tan natural como si estuviera en su habitación sola, y no a tres pasos de mí, que acababa de tragar saliva sin disimulo. —Relájate, que vas guapísimo —dijo, acercándose un poco más, sin preocuparse de su estado semidesnudo—. De verdad te lo digo, pensaba que ibas a seguir con el mood fantasma depresivo. Pero mírate… si hasta te has peinado. —Ya ves —sonreí, intentando mantener la compostura—. Milagros de la autoestima y de la presión social. No me dejaste muchas opciones. —Menos mal que no me ...
... hiciste caso —afirmó, pasándose una mano por el pelo mojado—. Porque hoy es mi última noche en tu casa, y no pensaba dejar que la pasaras llorando por una estúpida rubia y su novio cayetano. Me reí con ganas. Ella lo notó y sonrió con los ojos, como apuntándose un tanto. Lo cierto es que hacía días que no me reía así y ella tenía razón. No merecía la pena estar mal por Clara. —¿Estás nerviosa? —le pregunté, bajando un poco la voz. Virginia se encogió de hombros y miró al suelo, donde una gota resbalaba de su pierna hasta el tobillo. —Un poco, sí. No por irme… bueno, sí. También. Pero es raro, ¿sabes? Me he acostumbrado a esto. A ti. A tus rarezas, a tus cafés mal medidos y a tus camisetas dobladas como si las odiaras. Es… raro irme. Aunque sea al bloque de enfrente. —No me lo pongas tan bonito, que me dan ganas de pedirte que te quedes —solté sin pensar demasiado. Ella me miró rápido. Como tanteando mis intenciones. Sostuvo la mirada medio segundo más de lo que debería. Y después bajó la vista, se acomodó la toalla y dijo: —No digas eso, que todavía te digo que me quedo. —respondió Virginia, con una media sonrisa que no le llegaba del todo a los ojos—Ya he dado bastante pena estas semanas. La pobre muchacha sin un lugar donde dormir. Lo dijo entre risas, pero bajando ligeramente la mirada al terminar la frase. Trataba de quitarle peso a una situación que a ambos nos dolía más de lo que queríamos admitir. Se cruzó de brazos como si así pudiera protegerse de ...