1. Hospital comarcal (8)


    Fecha: 25/09/2026, Categorías: Hetero Autor: Ricardo Lomas, Fuente: TodoRelatos

    ... algo que ni siquiera había pasado aún.
    
    —No es por pena, Vir. Lo sabes. Solo que… esta casa va a parecer mucho menos casa sin ti —le dije, y la voz me salió más baja de lo que pensaba, como si de pronto la habitación se hubiera encogido.
    
    —Julio…
    
    —En serio —continué, dando un paso hacia ella—. Sé que no soy el tipo más comunicativo del mundo, pero me has hecho compañía cuando ni siquiera sabía que la necesitaba. Has llenado esta casa de algo que no era capaz de entender hasta que llegaste.
    
    Hice una pausa breve. Luego, esbozando una sonrisa forzada, añadí:
    
    —Y no me refiero a la ropa interior del baño, jeje.
    
    Ella me miró, ladeó la cabeza, divertida, y señaló con el mentón hacia el sofá cama.
    
    —Bueno, de eso también lo he llenado.
    
    —Y también de risas, de conversaciones intensas, de copas de vino acumuladas en el fregadero… —me oí decir, mientras sentía un nudo formarse, sin aviso, en algún lugar del pecho—. Has hecho que Cartagena merezca la pena.
    
    Sus ojos se entrecerraron levemente. Se le escapó una pequeña exhalación que no llegó a convertirse en palabra. Yo la miraba fijo. Esta vez no aparté la vista.
    
    —Así que esta noche vamos a celebrarlo. Con todo. Con risas, copas, música horrible y la posibilidad real de que acabemos bailando reguetón a las tres de la mañana con desconocidos. ¿Vale?
    
    Virginia se quedó quieta. Sonrió, mordiéndose el labio, y asintió despacio. Luego, sin decir nada más, me dio un beso suave en la mejilla. No fue un beso ...
    ... casto. Tampoco fue otra cosa. Fue un beso que me dejó una palabra justo en el borde de mi piel.
    
    Pero no dije nada.
    
    —Dame diez minutos. Me voy a poner guapísima. Para ti, para mí, para todos. Hoy lo vamos a petar.
    
    —Eso espero. Porque si no, devuelvo la camiseta blanca y la autoestima a su cajón.
    
    Ella rio con ganas y se dirigió al salón dejando un rastro de vapor y olor a gel de coco tras de sí. Entonces se puso a buscar su conjuntito en la maleta que llevaba semanas tirada justo al lado de su sofá cama, porque ese espacio ya no era mío.
    
    Y yo me quedé de pie mirando la escena, sonriendo como un idiota, sabiendo que esa noche, pasara lo que pasara, iba a ser distinta. Porque a veces, cuando estás jodido, no necesitas una solución. Solo a alguien que se quede contigo en el mismo agujero… y te haga reír desde dentro.
    
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    Llegamos al centro de Cartagena charlando tranquilamente. Julio llevaba las manos en los bolsillos, relajado, sonriendo otra vez como si todo lo que había pasado con Clara fuera una vieja anécdota. Y yo… yo iba feliz. No solo porque parecía que lo había recuperado un poco, sino porque, por fin, era nuestra noche. La última antes de que me mudara al piso nuevo, al otro lado de la calle, pero que se sentía como si fuesen kilómetros. Y eso, definitivamente, había que celebrarlo como Dios manda.
    
    La gente se giraba para mirarnos. No exagero. Éramos dos chicos guapísimos, con pinta de recién salidos de la ducha, que dejaba a su paso una mezcla de ...
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