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Hospital comarcal (8)
Fecha: 25/09/2026, Categorías: Hetero Autor: Ricardo Lomas, Fuente: TodoRelatos
... comodidad y nervio que se nota cuando te has arreglado para alguien, pero sin admitirlo. Lo llevábamos escrito en la cara, esta noche se venían cositas. Yo había apostado fuerte. Uno de los pocos vestidos de fiesta que me traje desde Madrid. Negro. Corto. Ajustado. El tejido abrazaba mi cuerpo como si lo conociera de memoria. Asimétrico: un solo tirante que cruzaba el cuello y caía en un nudo suave sobre el hombro contrario. El escote sugerente, sin ser vulgar, recogía el pecho lo justo para que no pasara desapercibido. La espalda, semi descubierta. La falda, mini. Pero mini de verdad: un paso en falso y se subiría más de la cuenta. Llevaba lencería negra debajo. Elegida con mimo. Braguita fina de encaje y sujetador sin tirantes que empujaba lo justo sin marcarse. Todo perfectamente medido. Me gustaba pensar que era un conjunto de guerra: no para enseñarlo, sino para saber que, si quieres, estás lista para mostrarlo. Como un secreto que te da poder. Un amuleto. Julito me había mirado de arriba abajo cuando salí del baño sin soltar ni una palabra. Tampoco le hacía falta. El silencio le delató más que cualquier piropo. Vi cómo tragaba saliva y se arreglaba la chaqueta por inercia, como si mi presencia hubiera cambiado la temperatura del piso. Lo adoré por eso. —¿Vamos a tomarnos un par de copas primero y luego vemos? — le pregunté mientras marcaba el paso con mis tacones. Sentía el vestido subir y bajar levemente con cada zancada. Me encantaba notarlo. —Venga, ...
... va. Lo que te apetezca, que es tu última noche —respondió, medio sonriendo. No me quitó la vista de encima en ningún momento. Aunque disimuló. Mal, pero disimuló. Yo ya tenía un plan en la cabeza. No pretendía liarme con él —aunque, sinceramente, no me disgustaría si pasara—, pero sí quería llevarlo al borde. Rozarlo. Bailar pegadita a él… Jugar un poco. Sacar su lado más animal, aunque fuera desde la complicidad. Nada de romanticismos empalagosos. Solo eso: un fuego controlado para olvidar otro incendio. Así que mientras caminábamos por la calle del Aire, entre terrazas llenas y turistas algo perdidos, se me ocurrió algo. —Oye —dije, girándome hacia él mientras el viento me revolvía el pelo—. Esta noche tengo una propuesta indecente para ti. Él me miró de reojo, una ceja levantada y esa media sonrisa que le sale cuando no sabe si estoy de broma o a punto de ponerlo a prueba. —¿Cómo de indecente? —Lo suficiente para que recuerdes esta noche toda tu vida —le susurré, inclinándome apenas hacia él. —Umm… suena divertido. Justo lo que necesito esta noche. —Conmigo todo es divertido, amore. —Le guiñé un ojo—. ¿Entonces estás dentro? —Pero si no me has explicado ni de qué se trata. —Tss, así es más divertido. Te iré informando según pasen las horas. —¿Y qué pasa si pierdo? —El que pierda tiene que cumplir un reto. ¿Qué te parece? Él se rio, nervioso, sin estar seguro de si hablaba en serio. Y yo aproveché para dejar que mi mano rozara levemente ...