1. Hospital comarcal (8)


    Fecha: 25/09/2026, Categorías: Hetero Autor: Ricardo Lomas, Fuente: TodoRelatos

    ... supiera. Como si lo esperara.
    
    Luego me miró. Inclinó la cabeza. Y dijo:
    
    —Tu turno.
    
    La mesa ardía. Mis manos estaban quietas, pero mi mente no. Tenía la pregunta lista desde el segundo en que acepté el juego. Sabía que iba a salir. Tenía que hacerlo.
    
    —¿Has jugado alguna vez a provocar a propósito para ver si alguien se lanzaba? —dije, despacio, como quien coloca una bomba con cuidado.
    
    Ella ladeó la cabeza y fingió pensar.
    
    —Sí —respondió, con una sonrisa que no era sonrisa, sino advertencia—. Más de una vez.
    
    —¿Y conmigo?
    
    Virginia se mordió el labio. Breve. Íntimo.
    
    —Esa es otra pregunta, Julito —dijo, dejando el vaso sobre la mesa.
    
    —Touché. Dispara tú, pues.
    
    Virginia se tomó su tiempo antes de lanzar la siguiente pregunta. No bajó la mirada. No se escondió. Solo giró el vaso entre los dedos, como si el hielo le estuviera susurrando algo.
    
    —Última pregunta de esta ronda —dijo, y yo noté cómo el aire se espesaba un poco más entre nosotros—. Y esta va en serio.
    
    —¿Las anteriores eran de calentamiento?
    
    —Más bien… de calibrado. Para saber si ibas en serio, jeje.
    
    —¿Y?
    
    —Aún estás aquí, ¿no? —dijo, inclinándose con una sonrisa afilada. Luego se enderezó y cruzó las piernas otra vez, con deliberada lentitud—. ¿Estás dispuesto a subir de nivel?
    
    —Dale.
    
    Virginia bebió un sorbo más, me miró por encima del vaso y entonces lo dijo:
    
    —Esta noche… vamos a ver quién de los dos es más capaz de calentar el horno.
    
    —¿Cómo? ¿A quién quieres ...
    ... calentar, Vir?
    
    —A otros. A desconocidos. Gente que no tenga ni idea del juego, pero que se deje atrapar. Quiero ver hasta dónde llegas tú, y hasta dónde llego yo.
    
    —¿Quieres que liguemos con otras personas? —pregunté, no tanto sorprendido como intrigado.
    
    —No solo eso. Quiero que los pongamos a prueba. Que juguemos a encenderlos, sin romper las normas.
    
    —¿Qué normas?
    
    Virginia se inclinó otra vez, ahora con una sonrisa ya descarada.
    
    —Norma uno: no puedes liarte con nadie delante de mí. Solo provocar. Insinuar. Jugar.
    
    —¿Y detrás?
    
    —Norma dos: esta noche nadie se viene a casa. Ni contigo ni conmigo. Pase lo que pase, dormimos en tu piso tú y yo.
    
    —¿Y si alguien quiere más?
    
    —Ese es el juego, Julio. Saber parar justo antes.
    
    La idea me descolocó. Y al mismo tiempo, me excitó de una forma que no quería admitir.
    
    —¿Y qué pasa si uno de los dos no consigue nada? —pregunté, con media sonrisa.
    
    —Entonces tendrá que cumplir un reto elegido por el ganador. Sin discusión. Sin escapatoria.
    
    —¿Y si los dos ligamos?
    
    —Entonces decidiremos quién lo hizo mejor. Juntos. Como en una especie de confesionario al final de la noche.
    
    —¿Jurado conjunto?
    
    —Con derecho a veto si uno se pasa de chulo —dijo, guiñándome un ojo.
    
    Me salió una carcajada larga. Sorprendido por lo mucho que esa propuesta me estaba empezando a excitar. El corazón me latía como si ya estuviéramos en mitad del juego. Como si la noche se hubiese partido en dos y la parte nueva, la parte ...
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