1. Bajo la cama: Confesiones de un testigo oculto


    Fecha: 25/09/2026, Categorías: Grandes Relatos, Autor: Stevensegal, Fuente: CuentoRelatos

    ... estaba disfrutando.
    
    Escuchar todo eso desde mi escondite fue una experiencia que me dejó en un estado de tensión y fascinación. Por un lado, sentí una excitación intensa al imaginar la escena; por otro, me invadió una curiosidad insaciable por saber hasta dónde llegarían. Era como si, en ese momento, estuviera siendo testigo de algo que desafiaba todo lo que conocía sobre mi novia, algo que me hacía replantearme lo que significaba el deseo y la intimidad.
    
    Luego, la cama, esa misma que comparto con Agustina, comenzó a moverse con un ritmo constante y enérgico, avanzando y retrocediendo hasta golpear el respaldo contra la pared. Cada golpe resonaba en la habitación, acompañado de un sonido metálico o de madera que se repetía una y otra vez, marcando el ritmo de lo que estaba ocurriendo.
    
    En ese momento, los gemidos de Agustina se intensificaron. Eran sonidos profundos y guturales, como “ahhh, ahh, ahhh”, que salían de su boca con una fuerza que delataba el placer que estaba sintiendo. No había duda: él la estaba penetrando. Cada gemido parecía sincronizarse con el movimiento de la cama, creando una especie de música cargada de deseo y entrega.
    
    Mi novia estaba disfrutando cada segundo de lo que estaba ocurriendo, y no dudó en hacérselo saber con sus palabras. Con una voz que parecía diferente, más sensual y entregada, repitió las mismas palabras que él había usado antes: “¡Qué rico!”. Su tono era más suave pero igual de intenso, como si estuviera completamente inmersa ...
    ... en el placer que él le estaba provocando. Era como si esa voz no perteneciera a la Agustina que yo conocía, sino a una versión más audaz y desinhibida de ella.
    
    Él, sin perder el ritmo, le preguntó con una mezcla de curiosidad y satisfacción: “¿Te gusta?”. Y ella, sin vacilar, le respondió con un “sí” claro y sincero, casi como si estuviera afirmando algo que iba más allá de lo físico. Esa respuesta, tan directa y cargada de emoción, dejó en claro lo mucho que estaba disfrutando del momento.
    
    Luego, él le pidió que se pusiera en cuatro patas sobre la cama, y ella, sin dudarlo, obedeció. Inmediatamente, el sonido de la cama moviéndose se intensificó, volviéndose más rápido y enérgico, como si el ritmo hubiera cambiado por completo. Cada golpe contra el respaldo de la cama resonaba con más fuerza, acompañado de los gemidos de Agustina, que ahora eran más profundos y urgentes.
    
    Minutos después, con una voz que sonaba diferente, más audaz y llena de deseo, ella le dijo: “Más fuerte, papi”. Esas palabras, cargadas de una intensidad que nunca antes le había escuchado, hicieron que él acelerara aún más, siguiendo sus instrucciones al pie de la letra. Entre jadeos, él le preguntó: “¿Así está bien?”, y ella, con la voz entrecortada y casi sin aliento, le respondió: “Sí”.
    
    La faena sexual entre ellos continuó un rato más, llena de gemidos, movimientos enérgicos y un ritmo que parecía no detenerse. Sin embargo, todo llegó a su clímax cuando él le pidió que se bajara de la cama, ...
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