-
La casa rural. Juntos mejor que separados
Fecha: 01/10/2026, Categorías: Intercambios Autor: Tiago Vilas, Fuente: TodoRelatos
... poco a poco, fue bajando el pantalón de Marisa de manera que su culo empezó a quedar visible ante mis ojos y los de Lina. Casualidades de la vida o del destino, llevaba un tanga negro que el sentaba como un guante. En ese punto la verdad es que aquellos dos parecía que se habían olvidado de nosotros dos. Yo, por la parte que me toca, admito que estaba disfrutando. No se Lina. Pero yo, lo estaba haciendo; mas diré, una ligera erección comenzaba a dejarse notar en mi entre pierna. Por su parte Lina, a la cual tampoco prestaba mucha atención, se movía sutilmente en el sofá a mi lado, como inquieta. -Bueno pues ya está, ¿no? – dijo Paco. -Si, y ¿ahora? - continuo Marisa -¿ahora? Ahora ya está. Vamos digo yo. -No, creo que aún queda ropa ¿verdad? Chicos – nos preguntó sin volverse a mirarnos. Supongo que en parte para medir como iba el tema y solicitar permiso para seguir. -Yo veo mucha tela aun en ese cuerpo. Espabila cariño, y ayuda a nuestra amiga – se anticipó para mi sorpresa Lina, quien sin darme yo cuenta estaba un poco más pegada a mí que al principio. Un incrédulo, pero excitado Paco, sin saber exactamente como actuar, se estiró hacia adelante como para hacer el amago de acceder al broche del sujetador de Marisa quien, ni corta ni perezosa, se giro para que llegase mejor. En ese momento pudimos ver la cara de Marisa; cara que yo personalmente conocía. Y puedo decir que aquello fue la confirmación de que iba a ir hasta el final con el tema y que algo ...
... especial iba a ocurrir esa noche. Había fuego, decisión, sensualidad, provocación…había sexo en ella que brotaba por sus poros. Paco al fin llegó al objetivo y soltó el sujetado de Marisa quien sujetándolo por las copas no lo dejó caer. Se giró y una vez que estuvo frente a él de nuevo, lo soltó dejando al aire esas maravillosas gemelas de la talla 95, bien colocadas y tersas como un milagro de la genética, para mi suerte y disfrute, y en ese momento para el de Paco. -Hostias, que… - entendimos que decía un asombrado Paco. -¿te gustan? - quiso saber Marisa. -¿te gustan Paquito? Tela ¿eh? - dije yo totalmente metido ya en el asunto que parecía que nos traíamos entre manos. Ver a mi esposa como la vi, terminó por desinhibirme y encenderme la sangre. -Son, son…bien – confirmó. -No seas mentiroso y no te cortes porque yo esté delante amor, di lo que piensas – le pidió Lina. -Son la hostia – dijo ya sin tapujos y emitió una ligera risa nerviosa. -Gracias. ¿te gustaría tocarlas? - siguió totalmente suelta Marisa. -No, no. Gracias, pero no. -Pero hombre si a Lina le da igual y Marisa quiere, no me seas ahora cortado eh – dije -. ¿verdad Lina? -Si, por mi no hay problema. -Bueno, siendo así, de acuerdo. -Perfecto. Pero solo 10 segundos. Los de ahí atrás, contad – nos pidió mi esposa. Y dicho eso empecé la cuenta en alto, momento en el cual Paco se estiró para alcanzarlas y las empezó a palpar, sentir, estrujar con mimo y creciente ansia, pero ...