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¡A mi edad! ¡Quién me lo iba a decir...!
Fecha: 03/10/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: AlbertoXL, Fuente: TodoRelatos
Soy una mujer divorciada de sesenta y un años, madre de dos hijos y abuela de tres nietos, de momento. Llevo divorciada desde los cincuenta años, cuando mi marido me dejó por una mujer más joven y dócil. Esta es la historia de cómo terminé teniendo una relación sentimental con un chico de diecinueve años, una aventura de casi nueve meses. Soy una mujer elegante, discreta y educada. Estuve casada con mi esposo durante veintinueve años y me divorcié después de que él iniciara una relación adúltera con una compañera de trabajo. En realidad el amor se había terminado mucho antes, pero seguíamos juntos por costumbre. Nunca le fui infiel a mi esposo y, que yo supiera, él nunca me había sido infiel hasta que se enamoró de esa señora, a quién siempre estaré agradecida. No me disgusté en absoluto cuando nos divorciamos, pues hacía tiempo que yo era independiente económicamente y esa eventualidad entraba dentro de lo probable. Aunque ahora estoy jubilada, en el momento de nuestro divorcio todavía trabajaba como profesora de literatura en una pequeña universidad de provincias. No obstante, la empresa maderera que dirigía mi esposo era propiedad de ambos, así que cuando nos divorciamos le vendí gustosamente mi mitad. Después del divorcio, mi hija siempre intentó que volviera a salir para que no estuviera sola. Pero resulta que tengo suficientes amigas, estoy bien así, hago lo que me apetece y no tenía especial interés en salir con hombres. No me sentí sola en ningún momento ...
... y disfrutaba de mi tiempo libre con mis amistades y allegados. Podía viajar, visitar a mis hijos y consentir a mis nietos, o simplemente quedarme en casa leyendo un libro interesante. Soy una mujer activa, tengo un par de aficiones con las que me entretengo y lo paso divinamente. Nunca he sido de las que se quedan encerradas en casa, a menos que me apeteciera. En cuanto al sexo, digamos que no lo echaba en falta. Siempre he sido una profesional independiente y no soy el tipo de mujer que necesita tener a un hombre a su lado para sentirse realizada. Después de nuestro divorcio, me centré en mi vida y en mi familia, aunque mis nietos vivían en otros estados. Entonces, un martes por la tarde, un chico de diecinueve años llamado Alberto se entrometió en mi apacible existencia. Conocía a Alberto desde que el chico tenía unos catorce años, cuando se ofreció a mantener nuestro jardín, pero entonces no le presté atención. Con los años cursó estudios de jardinería y, para cuando cumplió diecinueve, ya tenía un pequeño negocio. No sabía mucho más acerca de él. Alberto no aspiraba a dedicarse a nada más, le bastaba vivir del sudor de su frente. Era un chico despreocupado, libre de obligaciones y compromisos. Carecía de responsabilidades aparte de su empresa de servicios de jardinería. Yo no sabía la clase de chico que era, ya que apenas conversaba con él. Cuando Alberto terminaba de trabajar en mi jardín, llamaba a mi puerta, yo le pagaba y él se despedía amablemente para ...