1. ¡A mi edad! ¡Quién me lo iba a decir...!


    Fecha: 03/10/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: AlbertoXL, Fuente: TodoRelatos

    ... y, dada mi edad, no concebí que tuviese intención de forzarme. No sé por qué pensé de ese modo, quizá un presentimiento o algo parecido me indicó que se detendría en cuanto le dijese que parara. Y Alberto se detuvo, en efecto, aunque no retrocedió.
    
    — No sé con qué tipo de mujeres saldrás, pero te aseguro que yo no soy de ésas... —afirmé de forma tan categórica como elocuente.
    
    — ¿Y qué tipo es ese, Leticia? —preguntó con aquella condenada sonrisa, sabiendo perfectamente a qué me refería.
    
    — Del tipo que hace cosas así con un hombre, o con un muchacho como tú —contesté con aplomo.
    
    Alberto levantó la mano y me acarició la mejilla con evidente fascinación y, sin saber bien por qué, en esa ocasión le dejé hacerlo. No me moví ni intenté apartarle la mano.
    
    — Nunca pensé que fueras de ese tipo —dijo al tiempo que pasaba sus ásperos dedos por mi mejilla. Fue francamente agradable que me tocara así, con tal devoción y ternura que incliné el rostro hacia las yemas de sus dedos.
    
    — No sigas, por favor —insistí, respirando con dificultad.
    
    — ¿Por qué?
    
    Miré al cielo con frustración.
    
    — Por muchas razones. Además de que soy mucho mayor que tú y no es correcto, tampoco soy de las que se acuestan con alguien sin motivo alguno.
    
    Haciendo caso omiso a mi fundamentación, el muchacho me tomó de la barbilla, me giró con suavidad la cabeza y me besó. Desesperada, hice ademán de suplicar, pero al abrir la boca sus labios se fundieron con los míos y en seguida sentí que su ...
    ... lengua trataba de entrar en mi boca, y entonces todo se volvió borroso.
    
    Mi recuerdo de lo que sucedió a continuación es muy vago y confuso. Sé que nos besamos durante largos segundos. Primero con su lengua en mi boca, y luego con la mía respondiendo ardientemente. Sí, lo besé, y ello me produjo una sensación hacía tiempo olvidada. La pasión y el deseo.
    
    Hacía años, décadas, que nadie me besaba así. Fue tan fabuloso que gemí con ansia de que llegase más adentro de mi boca. Estaba completamente ofuscada, tan mareada que hube de sujetarme a la espalda del chico con ambas manos. Me abrazaba con firmeza, posesivamente, estrujando mi trasero y besándome en el cuello.
    
    — Por favor, Alberto —gemí abrumada por su dominio—. No deberías… Agh…
    
    Yo, que nunca había suplicado a un hombre, me veía de pronto rogándole a un simple muchacho.
    
    Lo peor era que mi cuerpo empezaba a responder a su pasión. Mi pecho se henchía, sentía mi sexo palpitar e inflamarse. Cuanto más me besaba él, más le repetía que no deberíamos hacer eso, pero, más allá de mi renuencia, no reaccioné como debiera reaccionar una persona adulta ante algo que está mal. Al contrario, mis manos aferraron su cuerpo con más fuerza y clavé mis uñas en su ancha espalda.
    
    Alberto solo atendía al lenguaje de mi cuerpo, no a mis palabras, cada vez menos convincentes. Al final, claudiqué y me dejé hacer hasta que de pronto sentí como me bajaba los leguins y las bragas a la vez, entonces sí recuperé la cordura.
    
    Me refiero ...
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