1. ¡A mi edad! ¡Quién me lo iba a decir...!


    Fecha: 03/10/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: AlbertoXL, Fuente: TodoRelatos

    ... continuar con su jornada. Con todo, hubo un par de ocasiones en que lo invité a pasar y tomar algo frío, pero el muchacho se mostró bastante callado. En fin, era correcto, diligente y siempre me llamaba señora.
    
    Sin embargo, en cuestión de meses aquel chico delgado, discreto y trabajador se fue convirtiendo en un joven excepcionalmente guapo y corpulento. En resumidas cuentas, Alberto emanaba masculinidad por cada poro de su impecable anatomía. Se había desarrollado saludablemente gracias al trabajo físico y una adecuada alimentación, alcanzando el metro ochenta o así, con un físico atlético, cabello moreno y desaliñado y facciones viriles.
    
    Arreglaba varios jardines de la urbanización, incluido el de una de mis vecinas que vivía calle abajo y tenía una hija adolescente de dieciséis años. Mi amiga me había confesado que los días que Alberto iba por allí su hija invitaba a sus amigas y todas ellas se tumbaban en el jardín en bikini, presumiendo y flirteando descaradamente delante de él. Pero no eran las únicas.
    
    Algunas mujeres adultas de la urbanización, casadas o no, tenían la desfachatez de coquetear con el chico. Aquello me indignaba, ya que sabía que nunca harían nada más que tontear, o eso di por sentado. En la peluquería, en el supermercado, las oía cotillear y realizar comentarios subidos de tono sobre los tatuajes que mi jovencísimo jardinero tenía en los brazos, raros en un chico tan fornido como él: decenas de pequeñas mariposas y una flor en un brazo y, en el ...
    ... otro, multitud de notas musicales y una guitarra.
    
    A mí nunca se me ocurriría hacer algo tan vulgar, y menos en público. Reconocía que era encantador, pero nada más. Nunca tuve ningún interés en el chico, al margen de que me cortara el césped e hiciese su trabajo. Pero no voy a mentir, Alberto no pasaba desapercibido.
    
    En general, los hombres nunca me habían interesado, ni siquiera antes del divorcio, ni los hombres ni el sexo. De hecho, no recuerdo que hubiese tenido sexo con mi exmarido durante los meses previos al divorcio. Llevábamos tanto casados que el sexo se había vuelto innecesario, pero irónicamente, tras el divorcio y el desajuste hormonal de la menopausia todo se había vuelto del revés.
    
    Mientras estuve casada mi vida sexual fue común y corriente. Al principio, sientes un fuerte deseo mutuo y no puedes separarte. Pero luego, a medida que tu matrimonio se consolida, tienes menos sexo, hasta que con el paso de los años rara vez lo haces. Te centras en tu carrera, la casa, los niños…
    
    Paradójicamente, mi deseo sexual despertó como un tornado a mitad de los cincuenta. Sucedió de forma repentina, intensa y desconcertante. Me sobrevino sin yo buscarlo, al menos al principio, cuando reaccioné en contra y me resistí a dejarme llevar por mis impulsos como una muchacha inconsciente.
    
    Quise negarme, comportarme de acuerdo a lo esperado de una señora adusta, pero mis hormonas se habían sublevado. Dios sabe que aguanté con dignidad y firmeza durante semanas, pero mi ...
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