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¡A mi edad! ¡Quién me lo iba a decir...!
Fecha: 03/10/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: AlbertoXL, Fuente: TodoRelatos
... «polla» o «coño» ni tampoco que me las dijeran. Pero por alguna razón me excitaba que Alberto me las susurrara al oído. Estaba a punto de meter al chico en mi boca cuando me detuvo—. Todavía no, primero quiero verte las tetas. Suspiré fuerte y, una vez más, no protesté. Simplemente me desabroché la blusa del pijama, me la quité y luego, lentamente, me quité el sostén. Cubrí mis pechos con las manos, pero Alberto volvió a sonreír por mi pudor, se agachó y me las quitó. — No está mal —dijo tomando mi edad en consideración. Su aprobación hizo que me sonrojara, pero entonces Alberto me puso la mano en la nuca y me empujó hacia su polla. Aunque tuve una leve arcada a causa del hedor, abrí la boca con avidez. Hacía más de quince años que no hacía una felación. Había dejado de practicarle sexo oral a mi marido mucho antes de divorciarnos, incluso más que de tener sexo en absoluto. Aunque, en honor a la verdad, Alfonso dejó de practicarme sexo oral antes que yo a él. No pretendí esmerarme, sólo traté que el muchacho acabara lo antes posible y se marchara de una vez de mi casa. Lo metí en mi boca y moví la cabeza adelante y atrás, tomándolo hasta la mitad mientras lo agarraba con una mano a fin de mantener a salvo mis amígdalas. Paradójicamente, tras un minuto chupándole la polla, empecé a cogerle gusto. Disfrutaba de tener su magnífica virilidad en mi boca tanto como de sus gemidos de placer. Súbitamente, deseé que ambos disfrutásemos. Moví mi mano izquierda ...
... detrás de él y aferré su nalga con saña; mi mano empezó a sacudir su miembro mientras lo metía más y más en mi boca. Tuve varias arcadas, no por el olor, que me empezaba a resultar extrañamente agradable, sino porque hacía tanto que no hacía una mamada que necesitaba volver a perder el reflejo del vómito, volver a acostumbrarme. Curiosamente, mi garganta se relajó en seguida y tragué al chico hasta que mis labios rozaron su pubis rasposo. — ¡Señora...! ¡¡¡OH!!! ¡¡¡JODER!!! Eché la cabeza hacia atrás para que solo la punta quedara en mi boca y pasé la lengua alrededor haciendo que el chico volviera a gemir de placer. Empecé a hacerle una mamada lenta y sensual, sin apresurarme como pretendía al principio. Ahora quería que durara porque me gustaba y me excitaba. — La boca —instó con voz ronca—. Usa solo la boca. Retiré la mano de su polla y, acto seguido, volví a tragarlo a fondo. Alberto gimió mientras yo mantenía ahí quieta, aguantando, para luego apartarme y chuparle la polla usando solo mi boca como él me había pedido. — ¡Ogh! ¡Joder, nena, voy a llenarte la boquita! No me aparté. Quería que se corriese a toda costa, de modo que empecé a mover la cabeza adelante y atrás más rápido, pero el chico tenía otras intenciones. Me apartó la cabeza, tomó su polla y empezó a bramar de éxtasis apuntando a mi pecho. De manera que un fluido cálido y espeso comenzó a pintarme de blanco, en cantidad, tan pegajoso que se fue adhiriendo a mi piel chorro tras chorro, ...