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¡A mi edad! ¡Quién me lo iba a decir...!
Fecha: 03/10/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: AlbertoXL, Fuente: TodoRelatos
... haciéndome sentir exultante. Rato después el muchacho recogería mi camisa del suelo y me limpiaría con ella. — Me pediste que no me corriera en tu boca... —se judtificó. — No pasa nada —aseguré. No es que le importara mi aprobación o no. Apreté la camisa contra el pecho mientras empezaba a levantarme. Alberto se agachó y me ayudó, lo cual agradecí. Me dolían las rodillas y no me hubiera resultado sencillo hacerlo sola. Luego me rodeó la cintura con un brazo y me acarició la mejilla con la otra mano. — ¿Por dónde está tu habitación? —preguntó seguro de sí mismo. —Pasando la sala y el pasillo. Tiró de mí, pero al ver que yo no me movía, se giró. — Vamos. “Solo esta vez”, me dije. Nunca fui una mujer o una esposa sumisa. Mi matrimonio fue siempre una sociedad de iguales. Siempre he sido severa y estricta, la que disciplinaba a mis hijos mientras mi exmarido los dejaba salirse con la suya en casi todo. Al igual que cuando daba clases, estricta, pero también justa y compasiva con mis alumnos. Era muy respetada en la universidad donde enseñaba. Pero ese día, mientras Alberto caminaba hacia mi habitación, lo seguí obedientemente como una cachorrita, con mis leggings y la camisa apretados contra el pecho. Había algo satisfactorio en permitir que un chico tan joven tomase las riendas, mis riendas. Por primera vez, me excitó que alguien fuera dominante conmigo. Era… Estimulante. Caminé lentamente hacia la habitación, varios pasos detrás de Alberto, y ...
... para cuando llegué a la mía, el chico ya se había sentado en el borde de la cama con el miembro bastante erecto. — Ven —me indicó extendiendo la mano. Caminé hacia él y, de inmediato, Alberto me rodeó la cintura con los brazos y me atrajo sin ambages. Me sentó a horcajadas sobre sus rodillas y empezamos a besarnos de nuevo. Mientras nos besábamos con pasión lujuriosa, las manos de Alberto recorrieron mi cuerpo; mis manos, mis pechos, y pellizcaron cruelmente mis pezones. Gemía y gimoteaba en su boca mientras frotaba mis caderas contra su virilidad. — Quiero sentirte dentro de mí —dije intentando mostrarme asertiva, pero mi voz sonó a súplica. Follamos como salvajes, hasta que grité de forma repentina y aguda cuando Alberto metió un dedo en mi ano y padecí un inesperado y tremendo orgasmo. De nuevo, arqueé la espalda y los músculos de mi estómago se contrajeron mientras gritaba de éxtasis. — ¡Dios mío! —grité. El chico me seguía follando tanto por un lado como por el otro. Se sentía increíblemente bien y parecía intensificar mi placer. Hasta que de pronto Alberto debió meter algún dedo más, empezó a follarme más fuerte y gruñó que se iba a correr. — ¡Sí, córrete dentro de mí! Las embestidas de Alberto se convirtieron en sacudidas cortas y profundas mientras su semen hervía en mi interior. Gemí al sentirle eyacular y pensé que luego saldría de mí, pero no lo hizo. Me desplomé sobre el suyo después de que mi orgasmo terminara y ahora me sentía agotada ...