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¡A mi edad! ¡Quién me lo iba a decir...!
Fecha: 03/10/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: AlbertoXL, Fuente: TodoRelatos
... apariencia, es la esencia. No es el dinero, es la educación. No es la ropa, es la clase”. O como yo digo: “No me visto para gustar a los hombres, sino a mí misma”. De joven me veía guapa sin apenas arreglarme, y aunque ahora tengo cierta edad y he de dedicar bastante tiempo a ello, sigo viéndome igual de hermosa. Mi cabello, antes largo, brillante y negro, ahora es más plateado que moreno. Podría haberlo teñido, por supuesto, pero nunca fui de las que ocultan su edad. Al contrario, decidí envejecer con gracia y dejar que el tiempo me robara la juventud con dignidad. Notaba el paso de los años en muchas partes, unas visibles y otras no. Tenía patas de gallo alrededor de los ojos y líneas de expresión que disimulaba bastante bien con un poco de maquillaje. Mis pómulos seguían en su lugar, lo que ayudaba a suavizar mis facciones. La parte superior del pecho, hombros y espalda ahora estaban cubiertos de pecas propias de la edad que yo tomaba como un tatuaje atigrado natural. Mis pechos habían perdido tersura, pero como siempre fueron pequeños no estaban demasiado caídos. Comía sano y hacía ejercicio para mantenerme en forma y así evitar la celulitis en la parte posterior de los muslos y glúteos que, aunque ya no estaban tan firmes como cuando era más joven, todavía no necesitaban de ropa interior específica. En efecto, mi trasero seguía respingón gracias a la zumba, una disciplina de fitness que combina ejercicios aeróbicos con ritmos latinos como salsa, merengue, ...
... cumbia y reguetón. Una disciplina de origen colombiano que se caracteriza por ser una forma divertida, enérgica y provocativa de hacer ejercicio y mantener un culo tan espectacular que, no hace mucho, alguien me gritó: “¡Para de menear el culo, que me mareo!”. Lo que nadie podía ver era el comienzo de la artritis en los nudillos, que ya me dolían a veces. Tampoco se podía ver la tensión arterial ligeramente alta, para la que había de tomar medicación diaria. Pero en general me veía bien para mis sesenta y un años. Estaba jubilada, pero no ociosa. Intentaba mantenerme en forma e iba al gimnasio un par de veces por semana, pero sin hacer ejercicios demasiado intensos o con excesivo peso. Caminaba a paso vivo y practicaba yoga algunas mañanas con una amiga. Por último, solía nadar y jugar al pádel en el club de campo del que era socia. Pero retomemos el relato… Alberto sonrió al verme pasmada. — Si no quieres ponerte de rodillas, ponte en cuclillas. Eso me da lo mismo. Negué con la cabeza al tiempo que me subía las bragas y los leggins. — No… —farfullé. — ¡Cómo que no! —clamó enojado—. ¡Qué quieres, que me haga una paja! — Por favor, Alberto. Vete y no le contaré a nadie lo que has hecho. — ¿Y qué he hecho, que te corras a lo bestia? Alberto soltó una carcajada y dio un paso hacia mí. Una vez más retrocedí hasta chocar con el frigorífico, pero el muchacho continuó acercándose. Podría haberme echado a un lado para poner distancia entre ambos, pero no lo ...