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¡A mi edad! ¡Quién me lo iba a decir...!
Fecha: 03/10/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: AlbertoXL, Fuente: TodoRelatos
... arrobada que me sentí por aquella mezcla de mecánica y sexo. — ¡Chupa! —ordenó. Como una autómata, formé un lacre con mis labios alrededor de sus dedos y comencé a chuparlos. — Eso es —alabó cuando succioné con todas mis fuerzas. No obstante, después empezó a meterlos y sacarlos de mi boca y di un par de arcadas. Alberto se rió malvadamente, aunque por suerte los retiró enseguida y comenzó a follarme de nuevo. Esta narración es muy pormenorizada, pero en realidad todo el episodio no duró más de tres o quizá cuatro minutos. Yo acababa de alcanzar el orgasmo y, aunque sabía que el chico no tardaría en hacerlo, fui yo quien volvió a correrse de forma bochornosa. — ¡Oh, Dios, no, no... ¡Ah! ¡¡¡AAAH!!! —grité horrorizada al empezar a convulsionar y temblar sin control. Sentí que se me doblaban las rodillas e intenté agarrarme a la puerta del refrigerador, pero estaba sudando y lo único que hice fue arrugar la agenda y tirarla al suelo. También yo me habría caído de no ser por él. Por suerte, Alberto me tenía sujeta de las caderas y me aplastaba contra en frigorífico. No dejaba de temblar, las cosas me daban vueltas, estaba totalmente rígida y daba alaridos de éxtasis. Alberto se mantuvo dentro de mí hasta que terminé de morirme de gusto y mi orgasmo empezó a menguar. Entonces dio un paso atrás, abandonándome bruscamente, sin piedad. Todavía jadeaba en busca de aire y casi me caigo. Había sido terrible, yo estaba acostumbrada a masturbarme y gozar de ...
... forma comedida, no a aquella barbaridad. No me atreví a volverme, me daba vergüenza, sabía que me estaba mirando. — Arrodíllate —le oí decir a mi espalda con desconcertante autoridad. Desolada, miré por encima de mi hombro y vi al chico sacarse la camiseta por la cabeza. Tragué saliva con dificultad al contemplar la imponete virilidad y solidez de su torso, abdomen y polla, todo ello conformando un verdadero conjunto escultórico. Me negaba a creer el ansia que tenía de él, pero no podía negar lo evidente. El muchacho era todo un hombre. ¡Y qué hombre, por amor de Dios! Era como mirar la estatua de un dios griego o romano, solo que no tenía un pene pequeño y flácido, sino que su miembro estaba completamente erecto y sobresalía ostentosamente de un pubis rasurado. Me pareció enorme, desde luego más grande y grueso que los de mis previos amantes. Debería haberlo adivinado por lo que había sentido un momento antes, pero hacía tanto tiempo que no tenía dentro a un hombre que carecía de referencia. Mucho después yo misma mediría la exacta envergadura de Alberto: dieciocho centímetros de largo, por cuatro y medio de diámetro. Mientras tanto solo miraba al chico semidesnudo, pues solo se había desabotonado sus harapientos jeans. Quizá no sea el momento más oportuno, pero haré una breve pausa en mi narración para describirme. Salvo casos extremos, hay belleza en toda mujer. El kit de la cuestión es hacerla emerger y resplandecer o, como diría Coco Chanel: “No es la ...