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La Bestia del Monte Nevado
Fecha: 03/10/2026, Categorías: Fantasías Eróticas Autor: Birkin1990, Fuente: TodoRelatos
... sí misma en la lengua antigua del monte— lo sintió antes de verlo. Una vibración en el suelo, como una espina clavada en su costado. Humano. Pero no cualquiera: era él, el de las cicatrices que olían a agonía. Durante siete días, lo siguió. Desde las ramas más altas de los abetos, sus ojos negros —tan profundos que atrapaban la luz— lo vieron tropezar entre raíces, maldecir al cielo cuando las nubes se ennegrecieron, masticar la carne de una rana con desesperación. Su olor era una mezcla de sudor agrio, miedo persistente y... esa obsesión que perforaba el aire como un clavo oxidado. "Insensato", pensaba Hahu, mientras sus garras se hundían en la corteza de un pino. "Débil. Pero... persistente." y entonces llegó la tormenta. Vio cómo el viento le robaba el aliento, cómo el barro le tragaba las botas. Lo observó caer, la cara golpeando la tierra encharcada como un saco vacío. Ya no se movía. Solo la lluvia lo azotaba, lavando su suciedad, su locura, su hambre. Hahu respiró hondo. El aire olía a rabia. A error. A oportunidad. Bajó del arbol, silenciosa por naturaleza. Se detuvo junto a Kaju, su pelaje goteando agua. Con un dedo-garra, le dio vuelta el rostro. Pálido. Labios morados. Pero el pecho aún subía y bajada, débil. "Moriría aquí", calculó. "En el frío. Solo. Como tantos otros." Un recuerdo la atravesó: el calor de sus manos en su pelo aquella noche junto al lago, el sonido de su jadeo entre sus dientes, la forma en que su sangre latía bajo sus ...
... garras. Con un gruñido que hizo temblar los charcos, Hahu lo levantó. Kaju era poco más que un fardo de huesos y ropas empapadas. Lo cargó contra su pecho, donde su pelaje era más espeso y caliente. Sintió el helado contacto de su piel humana y.… algo en su propio pecho se estremeció. … La cueva olía a humo, hierbas amargas y piel húmeda. El fuego crepitaba, iluminando los contornos de Hahu mientras su garra —enorme, peluda, con uñas que podrían destripar a un lobo— recorría el cuerpo de Kaju con una meticulosidad que no admitía prisas. No era solo curiosidad. Era una inspección. Los párpados, los rozó con el dorso de una garra, sintiendo el temblor febril bajo la piel fina. Los labios los separó con sus dedos, observando los dientes humanos, tan pequeños, tan frágiles. Un gruñido bajo escapó de su garganta. "Fácil de romper." Pero no lo hizo. El pecho concentrándose en sus pezones que se endurecieron bajo el roce áspero del pelaje de su mano. Hahu sopló sobre ellos, caliente, y Kaju arqueó la espalda en su inconsciencia. El vientre, ahí estaban las cicatrices de su primer encuentro. Las tocó con orgullo, como si fueran marcas de propiedad. Entre las piernas, su pene yacía flácido, exhausto, pero cuando sus garras lo rodearon con una presión calculada, Kaju gimió. Hahu resopló, satisfecha. "Aún respondes." Las nalgas las apretó con fuerza, hundiendo las uñas lo suficiente para dejar marcas rosadas. Kaju jadeó, ahí las separo el ano, un roce seco, ...