1. La Bestia del Monte Nevado


    Fecha: 03/10/2026, Categorías: Fantasías Eróticas Autor: Birkin1990, Fuente: TodoRelatos

    ... Duerme—.
    
    La voz de Hahu, áspera pero suave, vibró en su propio pecho. Kaju quiso responder, pero ella ya se movía.
    
    —No… —murmuró él, aferrándose a su brazo con fuerzas que no tenía.
    
    Hahu se liberó con un movimiento fluido, como agua escapando entre dedos. Se levantó. Su silueta era una montaña negra contra la boca de la cueva, donde la lluvia seguía azotando. Un golpe seco. Piedras chocando. El fuego muerto resucitó en un estallido de chispas ámbar, iluminando:
    
    Sus ojos negros, ahora brillantes como vidrio mojado.
    
    Sus labios azules, curvados en una sombra de sonrisa.
    
    El paliacate rojo atado en su muñeca izquierda, deshilachado y manchado de barro —la única nota de color en su oscuridad.
    
    Hahu se agachó junto a las llamas. La luz acariciaba sus hombros poderosos, la curva de su espalda, el pelo que le caía como una cascada de alquitrán. Kaju, aún tendido en las pieles, no podía apartar la mirada.
    
    —¿Por qué… me salvaste? —la voz de Kaju era un hilo roto.
    
    Ella volvió la cabeza. Los fuegos danzaban en sus pupilas.
    
    —Porque tu locura me pertenece—.
    
    Se acercó. En una mano, traía un cuenco de sopa humeante. En la otra… su garra extendida.
    
    —Bebe— ordenó, acercando el cuenco a sus labios.
    
    Kaju obedeció. El caldo de quinua y calabaza quemó su garganta, pero era vida. Mientras tragaba, la garra de Hahu descendió: Rozó sus párpados cansados. Se detuvo en el latido de su cuello. Descendió hasta su pecho desnudo, donde las cicatrices brillaban rosadas ...
    ... al calor del fuego.
    
    —Te toqué mientras dormías— confesó, su voz un ronroneo que hacía vibrar el aire. —Cada cicatriz. Cada costilla. Cada parte que tiembla ahora…—
    
    Su garra llegó hasta su muslo interno, deteniéndose a un centímetro de su sexo. Kaju contuvo el aliento.
    
    —¿Quieres que termine lo que empecé, pequeño fuego?—
    
    …
    
    El chisporroteo de la hoguera se ahogó en un silencio repentino cuando Kaju se inclinó. Sus labios humanos—tiernos, agrietados—se cerraron alrededor del pezón oscuro de Hahu, duro como una piedra de río. Un gruñido profundo, casi un rugido ahogado, sacudió el pecho de la bestia.
    
    Hahu no retrocedió. Sonrió.
    
    Sus colmillos afilados brillaron al fuego mientras sus garras, lentas y deliberadas, se hundieron en el pelo sucio de Kaju. No para detenerlo. Para guiarlo.
    
    —Así…— siseó, arqueando la espalda cuando la mano de él apretó su otro pezón, torpe pero decidido. —Más fuerte, pequeño fuego. Demuéstrame que no solo sueñas… que muerdes.—
    
    Kaju obedeció. Mordió. Chupó. La piel de Hahu olía a sudor bestial y ceniza. Sabía a sal y poder. Kaju gimió contra su pecho, su erección ahora dura, dolorosa, frotándose contra ese muro de calor y pelo.
    
    —¿Ves?— Hahu le levantó la barbilla con una garra, obligándolo a mirarla. Sus ojos negros eran pozos donde el fuego se reflejaba como lava. —Tu cuerpo recuerda lo que eres… lo que siempre fuiste.—
    
    Con un movimiento fluido, Hahu lo volteó. ¡Plaf! Kaju cayó de espaldas sobre las pieles de oso, mirando ...
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