1. La Bestia del Monte Nevado


    Fecha: 03/10/2026, Categorías: Fantasías Eróticas Autor: Birkin1990, Fuente: TodoRelatos

    ... hacia arriba a la criatura que ahora se alzaba sobre él como una montaña viva.
    
    —Mi turno.— Sus labios azules descendieron. No para besar. Mordisqueó la arteria que latía locamente, lamió las cicatrices hasta hacerlas brillar, clavó un colmillo superficial, dejando un lunar rojo.
    
    Su erección: la rodeó con una mano enorme, áspera, estrujando con precisión brutal.
    
    —¡Hahu!— gritó Kaju, arqueándose, no en dolor, sino en éxtasis puro.
    
    Ella sonrió, mostrando todos sus dientes. —Grita mi nombre otra vez. Así sabrá el bosque…— sus garras rasgaron sus muslos, abriéndolos. —…quién te posee.—
    
    La tormenta rugió afuera.
    
    Hahu se alzó sobre él, sus muslos poderosos enmarcando el rostro de Kaju como columnas de ébano vivo. Su sexo, húmedo y palpitante, colgaba sobre su boca —una flor carnívora de labios gruesos, oscura como mora madura, rodeada de un vello rizado del color del carbón húmedo. Kaju contuvo el aliento: Era diferente… Más grande de lo que recordaba. Más salvaje.
    
    Y ahora, iluminado por el fuego, vio que los labios internos brillaban de un púrpura profundo, como bayas nocturnas.
    
    —Huele…— gruñó Hahu, bajando centímetro a centímetro. —Huele a tormenta y a mí.—
    
    El aroma lo golpeó: tierra fermentada, musgo caliente, salvia silvestre… y debajo, un dulzor agrio que le hizo palpitar las sienes. Antes de que pudiera reaccionar, ella se acomodó. Su peso, aplastante y deliberado, hundió la cabeza de Kaju en las pieles.
    
    Sus manos-garra se aferraron a sus sienes. ...
    ... ¡Empujó! Kaju ahogó un grito. Su boca se llenó de ella: Textura: piel caliente como cuero curtido al sol. Sabor: salado y metálico, con un fondo a raíces amargas. Movimiento: Hahu rotó sus caderas, frotándose contra sus labios, sus dientes, su lengua.
    
    —Lame… o ahógate— ordenó, su voz un trueno contenido. Kaju obedeció. Primero con torpeza, luego con desesperación. Su lengua recorrió cada pliegue, cada hendidura, bebiendo la humedad que goteaba como savia primaveral. Hahu gruñó, una vibración que le recorrió el cuerpo entero.
    
    Mientras Kaju servía a su oscuridad, Hahu miró hacia abajo. Su garra izquierda se cerró alrededor del pene de él, erecto y agonizante. Lo estudió como un artefacto raro:
    
    El color: rojo intenso, venas saltadas bajo la piel fina. El tamaño: ridículamente humano. Frágil. La reacción: un gemido ahogado vibró en su sexo cuando apretó la base.
    
    —Tú… pequeño…— murmuró, comparando su propia mano bestial con esa carne temblorosa. —Pero arde bien.— Con dedos expertos, empezó a frotar. No con ternura, sino con la precisión de quien prueba un arma: De la base al glande, uñas raspando el frenillo. El prepucio estirado hasta casi rasgar. Los testículos apretados en su puño como piedras de río.
    
    Kaju convulsionó bajo ella, ahogándose en su sabor, embriagado por su olor, atrapado entre el dolor y un placer que le quemaba las entrañas.
    
    —¡Casi…!— gritó Kaju, su voz distorsionada por su carne. Hahu mostró los colmillos. —No. Aguanta…— Y entonces, cambió el ...
«12...456...11»