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La Bestia del Monte Nevado
Fecha: 03/10/2026, Categorías: Fantasías Eróticas Autor: Birkin1990, Fuente: TodoRelatos
... Hahu. Kaju, adormilado y agotado, despertó sintiendo el movimiento rítmico de sus pasos poderosos. Estaba cargado sobre su espalda, envuelto en mantas y pieles, sus brazos colgando a los lados de su torso como un niño exhausto después de una larga jornada. Hahu caminaba con paso firme, sus garras hundiéndose levemente en la tierra blanda del sendero. Tarareaba una melodía antigua, gutural y extrañamente dulce, como el rumor de un río. Kaju no entendía las palabras, pero el sonido le recorría el pecho, calmando los últimos vestigios de su fiebre. —Descansa…— murmuró ella, sintiendo que él se movía. Su voz era suave, casi maternal, pero con ese tono de hierro que nunca desaparecía del todo. —Llegaremos al anochecer.— Kaju no respondió. No necesitaba hacerlo. Hundió el rostro en su pelaje, respirando profundamente. Cuando el sol comenzó a teñir el cielo de naranja y púrpura, Hahu se detuvo. Kaju alzó la cabeza, aturdido, y vio: Una cueva más grande que la anterior, oculta tras una cortina de enredaderas gruesas. El aire aquí era diferente —más denso, cargado con el aroma de hierbas secas y algo metálico, como cobre viejo. —Mi hogar— anunció Hahu, con un orgullo bestial en la voz. Bajó a Kaju con cuidado, pero sin ceremonia. Sus piernas flaquearon al tocar el suelo, pero las garras de ella lo sostuvieron. —Entra, pequeño fuego.— Kaju miró hacia la oscuridad de la cueva. No sintió miedo. Solo pertenencia. Dentro, el espacio estaba tallado por el ...
... tiempo y las garras: Un lecho de pieles y hojas en un rincón. Huesos pulidos colgando como decoración. Un manantial que brotaba de la roca, formando un charco cristalino. Hahu lo guió hacia las pieles. Kaju no discutió. Se dejó caer sobre el lecho, exhausto pero vivo, Hahu se tumbó a su lado, su cuerpo enorme rodeándolo como un muro de carne y protección. Fuera, el viento silbaba entre los árboles. Dentro, solo había calor. Respiración sincronizada. Y la certeza de que, por primera vez en su vida, Kaju no estaba perdido. Los días que siguieron fueron un sueño húmedo y terrenal: Mañanas: Despertar con el hocico de una cabra olfateando su pelo, Hahu ya en pie, ordeñando con sus manos-garras que podrían destripar pero moviéndose con precisión. Tardes: Aprender a cosechar bajo la mirada negra de ella, arrancando papas mientras sus cicatrices le picaban bajo el sol. Noches: Comer guisos espesos cocinados en el fogón de piedra, Hahu escupiendo trozos de carne directamente en su boca como si aún fuera un cachorro. Y luego… el verdadero ritual. Una tarde, mientras Hahu estaba fuera, Kaju tomó el peine del manantial. Estaba tallado con runas que no entendía. Al pasarlo por su propio pelo enredado, sintió una punzada en el cuero cabelludo. Cuando Hahu regresó y lo vio, sus ojos se ensancharon. —Ese… es de mi madre— dijo, quitándoselo de las manos con una suavidad inusual. Kaju no preguntó qué había pasado con ella. Algo en el silencio de Hahu le dijo que no quería ...