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Ayuda entre hermanas (4)
Fecha: 04/10/2026, Categorías: Incesto Autor: PerseoRelatos, Fuente: TodoRelatos
... apenas se oyó—. Como tu hermana ahora. Mis manos comenzaron a temblar. —Lola, ven para acá —dijo con una autoridad que me rebasaba—. Quiero que hagas lo mismo. Me quedé sin aliento. No supe si contestar sí o no, pero tampoco hizo falta. Mi cuerpo se movió como si no fuera mío. Metódico, urgente, confundido. —¿Que haga qué? —Que toques a tu hermana. El tono y la mirada me intimidaron. Mi mano tembló antes de tocar a Diana. Esta vez fue diferente a cualquier otra, como si el esfuerzo estuviera respaldado por un decreto que lo volvía más permisible. Con movimientos torpes, empecé a acariciar la vagina de mi hermana. Su piel era suave, resbaladiza, y mi mano temblaba al contacto. Bárbara nos observó sin perder detalle. —Lola —dijo, sin dejar de observarnos—. Pregunta qué le gusta. Mi madre nos guiaba con más destreza de la que estuve dispuesta a aceptar. —¿Diana? —mi voz fue débil, casi un susurro—. ¿Qué te gusta? Mi hermana se mordió el labio inferior, como si la pregunta misma la hubiese excitado. —Que me acaricies el clítoris —dijo sin rodeos—. Y que metas un dedo. Lo más profundo que puedas. Tragué saliva, casi asustada de mis propias emociones. Con cada movimiento, con cada palabra, la técnica mejoró. Cuando mi dedo probó la profundidad, Diana gimió con un sonido tan profundo e interno que empapó la habitación de placer. Fue un orgasmo rápido, certero, uno que la dejó respirando con dificultad. —Cuando es fuerte, a algunas ...
... mujeres incluso les provoca eyacular —explicó Bárbara, con un tono que sonó casi científico—. No ha sido el caso. Era increíble escuchar a mamá hablar de ese modo. —¿Eyacular? —dije, sorprendida. —Sí, Lola. Y también puedes tener varios orgasmos en una sola relación —mi madre. — Aunque tampoco es lo más común… Diana y yo nos miramos boquiabiertas. Esto sólo le agregó más líquido a mis piernas. —Ahora, túmbate tú —me dijo. El corazón me galopaba al tiempo que me acosté. —Diana, es tu turno — dijo mamá. Mi hermana sonrió, quien sabe si aliviada por estar del otro lado, y comenzó a tocarme con mucha energía. Me quejé. Lo hacía demasiado fuerte. —Epa, hija, recuerda antes preguntar. —le recordó Bárbara. Diana se detuvo. —¿Qué te gusta, Lola? —Que empieces despacio —pedí, cerrando los ojos. El usar palabras hacía todo mucho más real. Mi hermana encontró el ritmo perfecto. Tal como a ella le gustaba: lento al principio, luego más rápido, más urgente. La presión dentro de mí creció y creció, y no tardó en explotar con un tremor en todo mi cuerpo. Me quedé temblando en la cama, con la respiración entrecortada. —¿Y bien? —preguntó Bárbara, mirándonos a las dos—. ¿Qué les pareció la primera clase? Diana y yo nos miramos. —¡Ha sido genial! —contestamos, casi al unísono. —Tengo una última regla —dijo, y el tono de su voz cambió. Se volvió más serio—. Ninguna puede venirse sin el permiso de la otra. —¿Quéeeeee? —Diana se quejó. —Es para ...