-
La mejor amiga de mi esposa
Fecha: 05/10/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Pedro, Fuente: CuentoRelatos
... tu mujer es mi mejor amiga. No eres un hombre respetable. ―Supongo que a ella tampoco le gustaría saber que has pedido ver a su marido en pelotas. ¿No crees? ―Llevas razón. Podría haber imaginado cualquier respuesta, menos la que me dio. Laura desató su albornoz que cayó al suelo, quedando tan sólo con un minúsculo tanga. Mis pensamientos se disparaban. No sólo no estaba enfadada, sino que probablemente se había alegrado de que aquello pasara. ―¿Y bien? ¿Crees que gano al natural o te gusto más a través de la cámara? Su osadía me hacía ruborizarme a la vez que mi miembro comenzaba a hincharse. Ella se acercó y me cogió la cara. Me besó en los labios y me susurró al oído. ―Si querías verme desnuda, habría bastado con que me lo dijeras. Siempre te vi muy enamorado de Cris, pero quiero que sepas que siempre he deseado tenerte en mis brazos. Agarró mi mano y me llevó hacia la cama donde solía dormir su mejor amiga. Se tumbó de forma sensual y llevó mis labios hacia los suyos y mis dedos a sus enormes pechos. Me besaba con pasión, acariciaba sus pezones que estaban duros. Sus pechos eran firmes a pesar de su tamaño, pero me aseguró que no se había operado porque no lo necesitaba, y doy fe de que aquello era cierto. Las manos dejaron paso a mi boca, a mi lengua. Comencé a besar esas maravillosas tetas. Sus pezones parecían caramelos que yo saboreaba pero que lejos de desgastarse, cada vez parecían mayores. Bajé mis labios por su estómago hasta ...
... tropezarme con su pequeño tanga. Ella me echó de nuevo hacia la cama y comenzó de nuevo a besarme. Yo no soltaba su prenda interior y terminé metiendo mi mano por dentro, llegando a acariciar su depilado sexo, que manaba fluidos como una fuente. Laura separó sus piernas para permitir la entrada de mis dedos que jugaban con su clítoris y entraban y salían de su cavidad vaginal. No paraba de besarme, su respiración era agitada y yo continuaba con mi manoseo hasta que ella misma, bajó su tanguita y lo tiró fuera de la cama. Se colocó de rodillas en la cama y continuó besándome. Lamía mi pecho hasta que llegó al inicio de mi miembro. Estaba a punto de explotar, dio un lametón y me dijo: ―No sabes la cantidad de veces que he imaginado esto. Mis fantasías hacia ella eran mucho más simples. Me habría encantado tocarla, acariciarla, penetrarla, pero jamás pude imaginar tener una sesión de sexo de esta forma. Metió mi pene en su boca, y comenzó a chuparlo. Lo hacía con cariño y experiencia. Me hacía gemir como jamás lo había conseguido Cris. La aparté y fui yo quien ahora se colocó de rodillas, la tumbó y comenzó a besar su cuerpo. Tenía un olor especial a hembra recién duchada, con su piel suave, que animaba a dirigirme a su sexo que brillaba por la excitación. Mi lengua marcó el camino hacia su coño. Ella separó las piernas lo que me permitió que mi lengua y su clítoris se juntaran, haciéndola gritar de placer. Metí mi dedo corazón dentro de su vagina, moviéndolo y ...