1. La alquilo de día y la cojo para mí en las noches


    Fecha: 05/10/2026, Categorías: Incesto Sexo en Grupo Sexo con Maduras Autor: Ericl, Fuente: SexoSinTabues30

    ... solo se sentó en un sillón amplio, con la copa de whisky aún en la mano, y una sombra serena en el rostro. No parecía expectante, ni impaciente. Simplemente… presente.
    
    Y entonces lo entendí.
    
    Gregor no estaba ahí para participar. Su tiempo de acción había quedado atrás. Lo suyo era el arte de mirar. De contemplar lo que aún podía ser, a través de otros.
    
    No dijo “hazlo”. No dijo nada. Pero en el silencio de la habitación, en esa especie de ritual tácito, su deseo quedó claro. No buscaba tocar, ni ser parte. Solo quería ver.
    
    Delcy se acercó primero. No caminaba, flotaba. O eso me pareció en ese momento, cegado como estaba por la penumbra cálida y la presencia cercana de Gregor, cuya respiración, aunque silenciosa, parecía marcar el ritmo de lo que ocurría.
    
    Tenía el cabello descolgado y caía como un cordón de sombra sobre su hombro izquierdo. Me tomó de la mano y me guio sin decir palabra, como si ya supiera el papel que me tocaba jugar.
    
    La cama era inmensa, de sábanas gruesas y suaves, y ella se acomodó sobre ellas con la seguridad de quien ha repetido ese gesto más veces de las que se atrevería a contar. Yo me acerqué temblando, no por miedo, sino por ese extraño vértigo que se siente cuando se cruza una frontera invisible, y ya no hay retorno.
    
    Se abrió de piernas recostándose en la cama, su vagina era un paraíso con ligeros bellos que la adornaban, su niña sentada en el suelo intentaba mirar algo que quizás ya había visto antes. Me retire la ropa con ...
    ... cautela, pero mi propia verga me traicionó cuando se liberó. Estaba tiesa como nunca la había visto, más erecta que en cualquier situación pasada. Delcy me recibió con el cuerpo entero. No hubo timidez, ni duda. Solo un calor envolvente, una respiración acompasada, y una mirada fija que no vacilaba. Me encontré encima de ella, cogiendo su cintura con ambas manos, como si al aferrarme pudiera sostener el momento, detenerlo antes de que se escapara.
    
    La penetre de manera, lenta al principio, como quien afina un instrumento delicado. Su piel era un mapa de calor que respondía a cada caricia, a cada roce de mis manos. Y yo, aprendiz deslumbrado, solo sabía seguir, rendido a su sabiduría callada.
    
    Y entonces lo noté: Gregor. Sentado, con la copa en la mano, sus ojos fijos, serenos, casi tristes. No había lascivia en su gesto, solo una suerte de nostalgia que no comprendí del todo, pero que me hizo mover con más decisión, como si pudiera ofrecerle algo que ya no era suyo.
    
    Cogiendo a Delcy con fuerza contenida, sentí que ella jadeaba, sus pechos pequeños se movían al ritmo de mis embestidas.
    
    Sentí sus manos sobre mi abdomen y me detuve, sentí que me empujaba suavemente y salí de ella. Delcy se apartó como una ola que se retira suavemente de la orilla, y en su lugar trajo a María Camila, que llevaba un chupete en su boca. No hubo pausa, ni transición brusca. Fue más bien como si el momento la hubiera estado esperando. Su piel era clara, casi translúcida bajo la luz tenue, y su ...
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