1. Entre imágenes y ausencias


    Fecha: 10/10/2026, Categorías: Incesto Autor: Ericl, Fuente: SexoSinTabues30

    «Desencripté otro video. ¿Te lo envío?»
    
    Era de Alonso.
    
    Sintió un escalofrío suave, como si alguien hubiera abierto una puerta sin hacer ruido. Miró la hora. Eran las 9:12 p. m. Tardó un segundo en escribir de vuelta, mientras aún sostenía la mirada de Irene en la pantalla.
    
    —¿Con quién hablas, mami?
    
    —Con Alonso —respondió sin pensar. Luego agregó—: Me mandó un mensaje del trabajo. Nada grave.
    
    Irene se quedó pensativa.
    
    —¿Tienes que trabajar?
    
    La pregunta la golpeó sin previo aviso. Mónica apretó los labios. No quería mentir.
    
    —Sí —respondió al fin—. Y tú debes dormir ya
    
    Irene asintió.
    
    —Anoche soñé que vendrías por mí al colegio, pero te perdías. Y te reías. Y después volábamos.
    
    Mónica la miró con una ternura temblorosa.
    
    —Ese suena como un buen sueño.
    
    —Sí. Aunque al final desperté y pensé que quería quedarme allá.
    
    La conexión comenzó a fallar. La imagen de Irene se congeló unos segundos y luego volvió, difusa. Mónica parpadeó con fuerza. No quería llorar delante de ella.
    
    —Te amo, Irene.
    
    —Yo también, mami.
    
    Cuando la pantalla se oscureció, Mónica miró el celular. Aún no había respondido.
    
    Volvió a leer el mensaje.
    
    «¿Te lo envío?»
    
    Pensó en decir que no. Pensó en decir que sí.
    
    Y luego, sin decidirlo del todo, escribió:
    
    intensidad de su boca. Las de ella se aferraron a su camisa, como si le costara creer que estaba pasando.
    
    Durante un instante, el mundo se deshizo alrededor.
    
    Ya no había expedientes, ni videos, ...
    ... ni pasados oscuros, ni heridas abiertas. Solo ellos dos, rotos, sí, pero vivos.
    
    La lluvia había vuelto a sonar en las ventanas, más suave esta vez, como si el cielo les diera tregua. Afuera, Bogotá seguía en pausa. Adentro, la respiración se aceleraba. Y en ese espacio sagrado entre culpa y alivio, se permitieron tocarse, reconocerse.
    
    Mónica lo haló de la camisa con la intención de llevarlo a su habitación, pero a mitad del corredor abrió la puerta del cuarto de Irene. Alonso la vio, desarropada, con una pijama rosada de pantalón y camiseta. Se acercaron ambos, enredados, respirando el uno en el otro, cruzando límites que no sabían si después podrían borrar. Pero en ese momento, lo único que existía era el calor de la piel y el silencio que no dolía.
    
    A un costado de la cama la ropa cayó sin ceremonias ni excusas, Mónica cerró los ojos y se dejó ir.
    
    Alonso la tocaba con urgencia pero sin ruido. Fue memoria, fue miedo, fue búsqueda. Fue un deseo que no pedía permiso, pero tampoco ofrecía respuestas.
    
    No hablaban. Él la abrazó desde atrás, acariciándole las tetas con los dedos húmedos de sudor.
    
    Mónica sintió el peso de su verga en su cola. Se permitió ese instante de tregua.
    
    Una noche. Solo una. Antes de que el mundo volviera a doler.
    
    Mónica miraba a Irene dormir. Ya no había duda en sus ojos, solo decisión. Una mezcla de fragilidad y fuego. Su voz salió firme, como si cruzara por fin un umbral.
    
    —Ahora a ella —dijo, con la respiración entrecortada—. ...
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