1. Entre imágenes y ausencias


    Fecha: 10/10/2026, Categorías: Incesto Autor: Ericl, Fuente: SexoSinTabues30

    ... con la garganta seca.
    
    La niña no respondió. Miró a su madre. Luego volvió a mirar a Alonso.
    
    Alonso, incómodo pero sereno, bajó la mirada y murmuró:
    
    —Hola, Irene. Soy Alonso… un amigo de tu mamá.
    
    —¿Por qué estás desnudo? —preguntó sin rodeos, con esa lógica infantil que atraviesa cualquier defensa.
    
    Mónica intentó acercarse, pero la niña se enderezó a mirarlo.
    
    —Tengo chichi… —murmuró Irene.
    
    —No pasa nada, mi amor. Te acompaño —intentó decir Mónica.
    
    —¿Y tu también estas desnuda? —preguntó Irene.
    
    Mónica sintió el impacto como un puñal. Se inclinó despacio, sin dejar de mirar a su hija.
    
    —Irene, …
    
    Pero la niña ya se había puesto de pie, dándose cuenta del estado de sus pantalones, sin embargó, no le dio importancia. Caminó al baño en silencio, cerrando la puerta tras de ella.
    
    Alonso se sentó en el borde de la cama, sin decir nada.
    
    Mónica lo miró, con el rostro descompuesto entre la culpa y la urgencia.
    
    —Tengo que hablar con ella.
    
    Él asintió. Se levantó, buscó su ropa en silencio.
    
    —No. No quiero ocultarme más, no te vistas, por favor—dijo ella—. Y lo que pase después, pues que pase.
    
    Alonso no respondió. Solo la observó salir, mientras al fondo se escuchaba el agua del grifo del baño corriendo, como un recordatorio constante de todo lo que aún debía enfrentar.
    
    Desde la habitación, sin saber cómo proceder, Alonso escuchó el agua correr en el baño. Por un instante, se sintió fuera de lugar, como un intruso en un mundo que no le ...
    ... pertenecía. Aun así, quiso suavizar el momento, romper la tensión, intentar algo de normalidad.
    
    —¿Te lavaste, hija? —dijo Mónica con una voz entre amable e insegura.
    
    El silencio que siguió fue espeso. Ni un goteo, ni un ruido. Nada.
    
    Mónica volvió al cuarto con Irene delante, el rostro aún caliente por la escena. Lo miró con una mezcla de desconcierto y contención.
    
    —Él es Alonso —le dijo en voz baja, firme pero sin dureza—. Es mi amigo y juega conmigo.
    
    Alonso asintió, comprendiendo. Bajó la mirada y se acercó.
    
    —Perdón —susurró.
    
    Mientras se inclinaba a la altura de Irene, pero no sabía qué hacer exactamente.
    
    —Está confundida. No es tu culpa.
    
    Ella lo observó con algo parecido a gratitud. No era amor todavía. Tampoco deseo. Era el gesto de alguien que sabía esperar.
    
    Cuando Alonso coloco una mano sobre el rostro de Irene, Mónica gimió suavemente.
    
    —Irene, ¿puedo tocarte?
    
    Irene lo miraba en silencio.
    
    Entonces, una voz apagada respondió:
    
    —Sí… ¿Como papi?
    
    Mónica tragó saliva y se inclinó también.
    
    —¿Cómo te toca tu papa?
    
    Irene se hizo a un lado y se quitó su pantalón de pijama, fue hasta la cama y se dejó caer, su colita había quedado en el borde y sus piernas descolgadas.
    
    —Pues siempre me dice que me ponga así y el comienza a tocarme. —Dijo Irene apoyando sus codos en la cama, esperando la reacción de alguno de los dos.
    
    Alonso miró a Mónica y ella asintió. Entonces se acercó y volvió a pasar su mano por la vagina de la niña, estaba ...
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