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Entre imágenes y ausencias
Fecha: 10/10/2026, Categorías: Incesto Autor: Ericl, Fuente: SexoSinTabues30
... decirlo en voz alta los hiciera más reales. Alonso no respondió de inmediato. Solo la miró, esperando. Dándole espacio. Mónica tocaba la vagina de su hija, como si necesitara algo que la protegiera de lo que estaba a punto de confesar. —No solo me hicieron pensar en Juan… Me hicieron pensar en mí. En la que fui. En la que fingí no ser después. Él frunció el ceño con suavidad, sin juicio, solo atención. —Quería que me perturbaban… pero no podía dejar de mirarlas. Esas niñas me excitaban, aunque luego me sintiera mal conmigo misma. Era como un reflejo, como un eco que no sabía de dónde venía. Tal vez de la soledad. Tal vez del miedo a no ser suficiente. No sé. —¿Y ahora? —preguntó Alonso, con una ternura contenida. —Ahora siento que todo eso volvió —susurró—. Pero de otra forma. Ahora no estoy sola. Y no sé si eso lo vuelve más fácil… o más difícil. Se hizo un silencio denso, íntimo. —¿Te asusta lo que sentís conmigo? —preguntó él. Mónica lo miró. Asintió, apenas. —Sí. Porque por primera vez no sé si quiero resistirme. Alonso se giró despacio, sin romper el ritmo de masturbación. —No estás sola, Mónica. Ni en lo que sentís, ni en lo que recordás. Ella apoyó la frente en la de él. Cerró los ojos. Respiró hondo. —A veces siento que todo esto está mal. Que no debería desear después de tanto dolor. Que ser madre me obliga a apagar partes de mí. —Ser madre no te vuelve menos mujer —dijo Alonso, bajito—. Ni menos humana. —Ver esos ...
... videos… me confundió. Pero también me despertó. Como si algo que tenía dormido por vergüenza se hubiera atrevido a hablar. —Entonces escúchalo —susurró él—. Pero no sola. Yo estoy acá. Mónica alzó la vista. Le acarició el rostro, con una mezcla de miedo y alivio. —Gracias por no tenerle miedo a mi caos. —Tal vez porque se parece al mío —respondió él. Mónica supo que algo en ella estaba sanando. Él sacó su mano y se giró por completo para besar a Mónica. —¿Quieres hacerlo aquí? —dijo ella. —¿Sobre ella? —respondió él. Ella lo ayudó a ponerse de pie, y arrodillada se metió el pene erecto de Alonso a su boca. Era una mamada lenta, con pausa, pero profunda. La luz de la luna apenas se filtraba por la ventana. Un tenue resplandor iluminaba la habitación, revelando tres cuerpos en su interior. Mónica se había concentrado en darle place a Alonso, con calma chupaba su verga. Un crujido suave, casi imperceptible, rompió el silencio. La cama había sonado. —¿Quién eres tú? —preguntó una voz pequeña, pero clara. Ambos se sobresaltaron. Irene apoyada sobre sus codos, con su pantalón de pijama en sus muslos y el cabello alborotado. No había visto a su madre primero. Lo primero que vio fue a Alonso, de espaldas, desnudo. El rostro de la niña estaba congelado entre el asombro y el desconcierto. Mónica tardó un segundo eterno en reaccionar. Se incorporó de golpe, cubriéndose instintivamente con las manos. —Irene… mi amor… —empezó a decir, ...