1. Entre imágenes y ausencias


    Fecha: 10/10/2026, Categorías: Incesto Autor: Ericl, Fuente: SexoSinTabues30

    ... Tócala.
    
    Alonso parpadeó, como si no estuviera seguro de haberla escuchado bien.
    
    —Como vos querés —agregó ella—, pero primero, escuchame.
    
    Él asintió, y se quedó quieto, atento.
    
    Primero acá —tomó su mano con delicadeza, llevándola sobre la camisa de Irene, justo su pecho—. No fuerte, despacio. No quiero que sientas que es tuya. Quiero que la descubras.
    
    Él obedeció, sus dedos temblaban un poco.
    
    —Ahora bajá. Pero no tan rápido. Quiero que lo pienses —susurró, mientras ella misma bajaba el pantalón de la pijama de su hija y guiaba sus dedos, con cuidado, por sobre la vagina infantil—. Ahí. No entres. Solo rodéala.
    
    Alonso tragó saliva. El silencio estaba cargado de electricidad, pero también de un respeto absoluto.
    
    —Eso —susurró ella, cerrando los ojos, mientras Irene se movía apenas—. Así. No pares hasta que yo lo diga.
    
    Y él no paró.
    
    Su cuerpo comenzó a responder con una cadencia que no era solo deseo: era catarsis. Cada caricia era una puerta que se abría, cada gemido contenido, una herida que respiraba aire por primera vez.
    
    —Ahora —dijo ella, apretando los dientes—. Ahora sí, tócala adentro.
    
    Alonso la obedeció con una suavidad que la hizo temblar. Ella guio el ritmo al principio, hasta que Alonso se rindió por completo al momento.
    
    Él miraba a Irene como quien presencia algo sagrado. Había morbo en sus ojos. Había entrega. Mónica lo supo, lo sintió, y eso la llevó más allá.
    
    Se mojaba, la niña se mojaba, no una oleada profunda, pero era ...
    ... tibia, como una verdad que por fin se decía en voz alta. Y jadeaba dormida. Pero una lágrima se le escapó a Mónica, y Alonso la atrapó se dio cuenta.
    
    Ella lo abrazó desde atrás, aplastando sus senos en su espalda.
    
    No era amor. Tampoco era pecado.
    
    Era, simplemente, humano.
    
    No había culpa.
    
    No esta vez.
    
    Solo alivio. Un alivio profundo, físico, emocional. Como si algo dentro de ella —tenso, cohibido, avergonzado— se hubiera rendido. Lo había buscado muchas veces sola, en silencio, a oscuras, con auriculares puestos y videos que luego le dejaban un vacío. Pero esta vez había sido distinto. No era solo deseo. Era ella decidiendo, marcando el ritmo, guiando las manos de alguien que la escuchaba incluso en el silencio.
    
    Una masturbación de su hija, inocente. Sí. Tal vez esa era la palabra. Pero también era otra cosa.
    
    Era ternura. Era poder.
    
    Era ella, por fin, sin miedo a sentirse.
    
    Alonso seguía con su dedo entrando y saliendo, en silencio. No intentó nada más, ni hablar. Solo su mano rozaba el interior de la niña. Mónica alcanzó la mano de Alonso, con los ojos aún cerrados.
    
    —Gracias —dijo, sin mirarlo.
    
    —No tienes que agradecerme —respondió él—. Esto fue tuyo.
    
    Ella abrió los ojos. Lo miró. Asintió. Y por primera vez en mucho tiempo, no se sintió rota. Se sintió viva.
    
    La mano de Mónica acompañaba la lenta y pausada masturbación infantil de una dormida Irene.
    
    —Ver esos videos me trajo recuerdos —dijo ella, con la voz baja, como si temiera que ...
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