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La esencia del deseo 1: el regalo de mi prima
Fecha: 16/10/2026, Categorías: Incesto Autor: sangreprohibida, Fuente: TodoRelatos
La esencia del deseo Capítulo 1 El regalo de mi prima Ailén Cuando bajé del bondi en Barrancas Belgrano, vi enseguida a Ailén. Me sonreía de oreja a oreja, y se le hacían agujeritos en sus mejillas carnosas. Sus ojos azules, enormes, me hacían sentir como si iluminaran mi existencia, La abracé, cosa que inevitablemente hizo que sus tetas se apretaran en mi torso. Pero ambos actuamos como si eso simplemente fuera una consecuencia natural de ese abrazo que nos dábamos. —¿Todo bien? —me preguntó después, apretándome la nariz, como solía hacer cuando éramos niños. Ailén era mi prima, y también mi mejor amiga. Habíamos crecido juntos en el mismo barrio. Ella era bastante “machona”, por lo que no fue difícil que la tratara como si fuera un pibe más de la cuadra. Después, cuando se mudó con su mamá (la hermana de mi difunta madre), a un barrio mejor, pensé que nuestra amistad se iba a desgastar con el tiempo. Pero, a pesar de que nos veíamos mucho menos, le sacábamos jugo a nuestros encuentros, por lo que ahora, a nuestros dieciocho años, la relación seguía tan intacta como siempre. Pero en el último año la cosa se puso un poco más difícil para que coincidamos. Entre ella que ya comenzaba su vida adulta trabajando de cajera en un supermercado, y yo que me acababa de mudar a la casa de la nueva pareja de papá, había pasado un mes desde que no nos veíamos. De ahí el saludo tan efusivo. —Todo bien —respondí. —Eso no sonó nada creíble —dijo ella. Yo ...
... siempre había sido bastante desganado, y no mostraba entusiasmo por casi nada, Por lo que, cualquiera se tomaría el tono de mi respuesta como algo natural. Pero, como ella misma decía, me conocía mejor que yo mismo. Y se daba cuenta de que había algo que no iba bien en mí. —Vayamos caminando, y hablamos —dije. Doblamos por Arribeños, y ahí apareció: el arco. Imponente, gigante. Rojo intenso, con esos dragones dorados en los extremos que parecían custodiar la entrada a otro país. El barrio chino. —No puedo creer que nunca hayas venido —me dijo Ailén. —¿Y por qué vendría? Me queda a dos horas de mi casa. —Aw —dijo ella, agarrándome del brazo—. Entonces viniste solo por mí. | —Y porque necesitaba alejarme un poco de esa casa. —¿Tan mal está la cosa? —me preguntó, mientras nos adentrábamos en el barrio. —No, no es para tanto —dije—. Solo que… me siento sapo de otro pozo. —Ya me imagino… No puedo creer que ahora vivas con la princesita. ¿Alguna vez lo imaginaste? —No, la verdad que no —reconocí. La princesita era mi nueva hermanastra, Julieta. Había ido conmigo a la escuela, tanto primaria como secundaria, pero jamás habíamos sido cercanos. Más bien yo parecía ser un fantasma para ella. Igual no era de mi curso. Era una chica rubia, delicada e impecable. De esas que te dan la sensación de que las vas a ensuciar con solo mirarlas. Una chica inalcanzable para alguien como yo. Había estado perdidamente enamorado de ella durante la mayor parte de mi ...