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La esencia del deseo 1: el regalo de mi prima
Fecha: 16/10/2026, Categorías: Incesto Autor: sangreprohibida, Fuente: TodoRelatos
... perdida en sus tetas. Así que, en la práctica, seguíamos siendo mejores amigos. Pero, por dentro, había una tensión que yo trataba de aplacar con desesperación. Paseamos un rato en silencio. Yo observé el lugar peculiar al que me había llevado. —Lindo kilombo —murmuré. —Sí. Solo son cuatro o cinco cuadras. Pero está bueno. El humo que salía de algunos locales de comida se mezclaba con el bullicio de la gente. No solo turistas: porteños, familias chinas, chicos sacando fotos, parejas buscando dónde almorzar. Había un montón de gente. En cada vidriera había algo que llamaba la atención: tazas de porcelana con dibujos de dragones, lámparas de papel, budas dorados, sobres rojos para regalar en el Año Nuevo Lunar. —Y, entonces… ¿qué onda con Julieta? —largó Ailén—. Si de todas formas vamos a hablar de ella, mejor hacelo de una vez. Después te cuento con quién estoy saliendo. —¿Estás de novia? —pregunté, con el ceño fruncido. —Ajam. Eso no me lo esperaba. No pude evitar sentir una punzada de celos. Le había conocido tres novios. Con el que más duró llegaron a cinco meses. Igual, eso no modificaba nuestra relación. Pero sabía que tarde o temprano encontraría alguien que la absorbiera y la alejara de mí. Me sentía aterrado al pensar en eso. —Nada.., —dije—. Ya viste cómo es. Al principio, cuando me enteré de que papá estaba saliendo con Vanesa, aproveché para mandarle un mensaje. Me pareció una buena excusa para hablar con ella, por fin. —¿De ...
... verdad, nunca hablaste con Julieta? —me interrumpió mi prima. —Bueno… una vez, cuando la vi esperando afuera de la escuela, le pregunté que qué tal le iba con matemáticas. Ella solo me respondió que bien. Ni siquiera me devolvió la pregunta. —De chica siempre me pareció media rara —dijo Ailén—. Pero nunca la vi como alguien agrandada. Pero bueno, la gente cambia con el tiempo. Si lo sabré yo. —Vos seguís siendo la misma machona de siempre —dije—. Solo te crecieron las tetas, y ahora te maquillás. Pero a mí no me engañás. —Boludo —dijo ella, riendo, y me dio un codazo en las costillas que me dolió bastante. Mientras hablábamos, caminábamos lentamente, y veíamos a todos lados. Un nene comía un helado mientras los padres discutían si llevaban o no una estatuilla de gato de la suerte. Una señora se sacaba una selfi frente al arco. Un flaco tocaba el erhu, ese instrumento tradicional de dos cuerdas, mientras otro vendía sahumerios en la vereda. De fondo, se oían canciones chinas mezcladas con cumbia que salían de diferentes locales. —Pero ahora que vivís con ella, ¿sigue siendo la misma princesita inalcanzable de siempre? —Sí, Se muestra amable. Pero es esa amabilidad justa. Como si no dejara que fuera más allá. Cada tanto trato de acercarme, de preguntarle alguna cosa, para conocerla mejor. Pero casi siempre me contesta con monosílabos, o con frases cortantes. Y casi nunca me ve a la cara. Y el otro día… Ella se estaba yendo al gimnasio. Justo se había puesto los ...