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Al salir del gym
Fecha: 18/10/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Olivia, Fuente: TodoRelatos
Esperé diez días para volver a hablar al maduro sumiso con el que había tenido una cita. Le había dicho que no me hablara hasta que yo necesitase sus servicios, pero él no había podido aguantarse. Calculé que incumpliría mi orden a los cinco días. Necesito siete para escribirme un escueto "¿Qué tal?" seguido de una disculpa por temer importunarme. Yo lo ignoré hasta que me apeteció para que entendiera la lección. Estaba en el gimnasio a punto de empezar una sesión de cardio. Le mandé la ubicación y le dije que me esperara en la puerta. Casi dos horas después salí y le vi junto a la entrada. No sé cuándo leyó mi mensaje, pero por su actitud se veía que estaba a punto de perder la paciencia. Le saludé con una sonrisa y le tendí la bolsa del gimnasio. Pregunté por el coche y me guío hasta ahí, en silencio. Me senté en la parte de atrás después de que me abriera la puerta. Empezó a disculparse por haberme hablado sin permiso y le corté con un movimiento displicente de manos. Estuve un rato distraída con el móvil hasta que levanté la cabeza y le dije que tenía hambre y que quería que me llevara a un restaurante que me gustaba. Volví a centrar mi atención en el móvil, dando por terminada la conversación y él arrancó el coche. Notaba que me echaba miradas de reojo mientras conducía. No había querido cambiarme así que seguía todavía con la ropa del gimnasio. Llevaba un conjunto gris de mallas y top deportivo, una simple coleta en pelo y unas zapatillas desgastadas. Me ...
... acomodé en el asiento, cruce las piernas y puse mis pies muy cerca de su asiento. —Dime, ¿te gusto más con tacones o con zapatillas? —Me gustas de todas las maneras. —Como te has convertido en mi chófer es mejor que a partir de ahora me llames Señorita. —De acuerdo, Señorita —Me imagino que habrás hecho buen uso del regalo que te di. —Lo atesoraré para siempre, Señorita. —Donde lo guardas? Llevó una mano a la guantera y sacó el tanga usado que le había dado la última vez. Me relamí pensando en cómo me había tocado delante de él, sin dejar hacerle otra cosa que mirar. No me sorprendió que lo tuviera tan cerca. Extendí la mano para que me lo entregase. Lo estudié de cerca. Se veía muy sobado, mucho más desgastado que como se lo había dado yo. —Se nota que le has dado amor. No esperaba menos. Y pude ver por el espejo que se ponía rojo entero. Abrí la ventanilla y despreocupadamente tiré el tanga a la carretera. Me reí imaginando que acabase en las manos de otro pervertido sin saber quién había sido su último usuario, que en esos momentos me miraba como si estuviera loca. Le corté enseguida. —Los ojos en la carretera y date prisa, que tengo hambre. El resto del viaje no tuvo incidentes. Llegamos al sitio que le había indicado, un centro comercial, y me dirigí hacia al restaurante, un sitio de poke que tenía ganas de probar. Elegí una mesa al fondo y me senté. Pedí dos pokes diferentes y bebidas para los dos. Mientras esperábamos la comida, me estiré ...