1. Al salir del gym


    Fecha: 18/10/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Olivia, Fuente: TodoRelatos

    ... en mi asiento y coloqué mis piernas encima de él.
    
    —Estoy cansada, quítame las zapatillas.
    
    Estaban colocadas justo en su entrepierna y la suela manchaba su pantalón. Aflojó los cordones y luego intentó sacar mis zapatillas. Como él tenía especial cuidado y yo no estaba dispuesta a ponérselo fácil, requirió varios intentos.
    
    —Ahora los calcetines.
    
    Si había ido con cuidado antes, ahora estaba temblando. Tenía los calcetines húmedos desde que había salido del gimnasio y estaban pegados a mis pies. Metió los dedos delicadamente y sacó uno y después otro con un respeto reverencial. Sin saber qué hacer, los conservo en la mano.
    
    —Déjalos en la mesa —y justo cuando terminé de decir eso, apareció el camarero con los platos—. Perfecto, no aguantaba ya más.
    
    Si el camarero notó que la situación era rara, no dijo nada. Solo le delató una mirada incrédula al ver unos calcetines usados encima de la mesa. Debajo estaban mis pies, con mis deditos estirándose del gusto de quedarme descalza después del gimnasio, placer solo comparable con la sensación de quitarme los tacones tras una noche bailando con ellos. Por supuesto, él estaba erecto y abría las fosas nasales con la esperanza de captar el aroma que había liberado.
    
    Picoteé en ambos platos. Los dos estaban buenos, pero claramente me gustaba más uno que otro. Me quedé con ese y le di el otro a él. Lo de que tenía hambre era verdad. Estaba famélica y acabé mi plato en pocos minutos. Él, por lo que sea, estaba tardando ...
    ... más.
    
    —Utiliza tu servilleta.
    
    Intentó cogerla y le pisé con fuerza los huevos.
    
    —Ya te he dado una servilleta. Utilízala.
    
    No se lo podía creer. Cogió los calcetines y se los llevó a la boca. Pude escuchar como aspiraba ansioso y disfruté con sus ojos dilatándose del placer de sentir mi olor. Acaricie su entrepierna con ternura con la satisfacción de saber que debía de ser muy dolorosa su erección. Notaba como el bulto de su pantalón presionaba mis pies. Corté ese instante mágico de golpe.
    
    —Levántate y paga.
    
    Mi maduro estaba todavía perdido en las ensoñaciones derivadas de mi aroma.
    
    —Ahora mismo —dije en voz alta, lo suficiente para que nos escucharan las mesas que teníamos cerca. Bajé la voz—. Y las manos a la espalda, no tapes nada.
    
    Se levantó con su erección en todo su esplendor, imposible de disimular. Apenas había comido de su plato. Me giré para verle en la barra sacando su cartera y pagando, todavía con mis calcetines en la mano. Se dio la vuelta y miró en mi dirección y le saqué la lengua. Volvió rojo de vergüenza e intentó sentarse.
    
    —No te molestes, nos vamos. Coge las zapatillas. Me vas a invitar a un café.
    
    Me levanté y salí caminando descalza del restaurante. No me importaba hacerlo, ni siquiera en ese sitio. Adoro sentir mis pies conectados al suelo. Además, sabía que detrás tenía a mi baboso pendiente de cada uno de mis movimientos.
    
    Me senté en una de los asientos del centro comercial. Señalé una cafetería justo en frente:
    
    —Ice Latte ...
«1234...»