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Al salir del gym
Fecha: 18/10/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Olivia, Fuente: TodoRelatos
... caramelo. Cuando volvió con mi café le dije: —¿Ves esa tienda? —volví a señalar pero en otra dirección—. Vete con mis zapatillas y compra un par nuevo. Misma marca, mismo modelo. Y también calcetines. Ah, y ni se te ocurra volver a aspirar mi sudor como si fueras un cerdo. Mientras bebía mi café me puse con el móvil. De vez en cuando notaba la mirada de alguien percatándose de que estaba descalza. Siempre algún hombre. Es tan fácil reconocer a los babosos... Pillé a uno que se había quedado embobado y le eché una mirada de mala hostia. Inmediatamente empezó a caminar en dirección contraria. Mi maduro llegó con una bolsa de Nike. Le di el vaso vacío para que lo tirara y caminé dirección al parking. Mis pies, por lo general tan blanquitos, se estaban quedando negros después de andar tanto tiempo descalza. Ya en el coche, esperé a que me abriera la puerta y me senté con mis pies colgando fuera. —Arrodíllate. Sabía que con esa orden iba a mirar a su alrededor así que no vio venir la patada en los huevos que le di. Se arrodilló, pero de dolor. Le puse el pie a cinco centímetros de los ojos. —Debería hacer que me limpiaras los pies con la lengua.… Una mirada de deseo y miedo apareció en su cara —Pero no me apetece dejar que me toques. Agacha la cabeza. Y restregué mis plantas por su pelo. No eliminaría la suciedad, pero me regodeé pensando que le estaba marcando. Volví a ponerle los pies a cinco centímetros de la cara, lo suficientemente cerca para ...
... que toda su visión estuviera abarcada por ellos. —¿Cómo son mis pies? —Divinos, Señorita. Coge los calcetines nuevos y pónmelos. Mientras abría el paquete eché un vistazo alrededor como había hecho él antes. Estaba arrodillado en el suelo del parking. Cualquiera podría vernos. Sería muy difícil explicar qué estaba haciendo ahí. Sin embargo, él ya no se preocupaba por lo que había fuera. Estaba demasiado absorto contemplando mis pies. —Con cuidadito, no quiero sentir un solo roce de tus manos en mis pies. Fui buena y le facilité la tarea. Estiré el pie, arrugando la planta, para que entrara mejor el calcetín por el hueco que había dejado al enrollarlo. Permití que lo ajustara, ayudando con el impulso. Una vez puesto, coloqué el pie con el calcetín en sus labios y lo besó sin que yo tuviera que decirle nada. Repitió el proceso con el otro calcetín. Al terminar se quedó quieto, esperando a que volviera a hacer lo mismo que con el otro pie. Esperé medio minuto y volví a dejar que me besara el calcetín. —A ver las zapatillas. Sacó la bolsa y abrió la caja. La levantó con los brazos y me ofreció su contenido, como los antiguos sacerdotes paganos enseñaban a los Dioses paganos sus sacrificios en el altar. Era el mismo modelo que yo había gastado. Le ordené que me lo calzara y lo hizo con la misma reverencia que con los calcetines. —Ya puedes levantarte. Ábreme la puerta del copiloto y después móntate en tu sitio. Le ordené que me entregara los calcetines ...