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LNE (13). El bosque prohibido
Fecha: 18/10/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: Schizoid, Fuente: TodoRelatos
... se giró y se sentó en un banco cercano. Le dio la espalda a César. Le dejó solo *** César les invitó a los dos a cenar sushi en casa. Sergio, con los palillos en la mano y una expresión de concentración científica, lanzó una bomba: —¿Raquel, de verdad le gustas a mi papá solo por tu culo? Raquel se atragantó con un edamame. César derramó la salsa de soja. Silencio absoluto. —¡¿Qué?! —respondió ella, sin decidir aún si reír, salir corriendo o mudarse de país. —Mi madre dijo que tú eras "otra de esas con buen culo". César quiso fundirse con la pared, pero Raquel se recompuso admirablemente, mirando al niño con una sonrisa tipo Mary Poppins disimulando el dolor de muelas: —Las chicas solo algo más que eso, Sergio. Y a tu padre le gustan muchas más cosas de mí. Sergio asintió, satisfecho con la respuesta. Y siguió comiendo. -A mí los culos no me gustan demasiado. Por ahí sale la caca. Tema zanjado. *** César, intentando sorprenderla, reservó un fin de semana en un balneario rural. En teoría: masajes, relajación y baños termales. En la práctica: goteras, una masajista con voz de ultratumba y un jacuzzi lleno de señores ruidosos. —¿Esto es lo que llamas desconectar? —le preguntó Raquel, envuelta en una bata que olía a eucalipto industrial. —Piensa que es como nuestra relación: desordenada, impredecible, pero con agua caliente. —¿Y olor a pies? —Bonus sensual. Acabaron riendo, encerrados en la habitación, viendo documentales de ...
... crímenes reales mientras se daban crema en la espalda con cierta torpeza. Y aún así, la noche acabó bien. Sin epopeyas. Pero con abrazos de verdad. *** Un día cualquiera, él se pasó por su tienda de libros de segunda mano, llevándole un café y dejando una nota escrita en un recibo: "Raquel: una edición limitada, con páginas subrayadas y esquinas dobladas que valen más que cualquier best-seller." Ella sonríe. No lo dice, pero lo guarda. Otro día, pelean. Por nada. Por todo. —No puedes seguir viniendo con chistes y café cada vez que no te responsabilizas de lo que arrastras, César. —¿Y si traigo croissants? —Depende del relleno. Pausa. —¿Chocolate? —Acepto la tregua. Pero no es una rendición. *** Una mañana, mucho más adelante, César la miraba dormir. La espalda descubierta. El pelo revuelto. Esa paz después de tanta comedia emocional. Pensaba que amar a Raquel era como leer un libro con las tapas dobladas y las frases más importantes marcadas con boli azul. Ella, con los ojos aún cerrados, murmuró: —No pienses mucho. Te sale humo. Él sonríe. —Solo estaba recordando que esta historia no la quiero dejar en la estantería. *** Raquel y Sergio se encontraban en el “Bosque Prohibido”, que para cualquiera observador desprevenido era un parque normal con columpios oxidados y un cartel de “Prohibido perros sueltos” — pero para ellos era el escenario perfecto para una misión imposible. Sergio llevaba un casco hecho con una caja ...