1. LNE (13). El bosque prohibido


    Fecha: 18/10/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: Schizoid, Fuente: TodoRelatos

    ... tuviera un máster en... topografía íntima.
    
    —¿Y tú? ¿Cómo fue la travesía?
    
    Raquel se rio, y su tono se suavizó.
    
    —Pues... fue raro. Bonito. Incómodo. Me dolía un poco, pero también sentía que estaba haciendo algo solo nuestro. Algo... animal y simbólico a la vez. No sé. A veces me siento insegura. Nunca había hecho eso. No quería parecer torpe. Pero él fue muy cuidadoso. Bueno, después de insistir como un niño que quiere un dron por Navidad.
    
    —¿Y no te dio palo? —preguntó Clara, bajando el tono.
    
    —Mucho. A ver, yo soy de culo generoso, eso ya lo sabéis, pero una cosa es tenerlo y otra usarlo como... entrada de servicio oficial. Me puse mil barreras. Literalmente. Al final, se las saltó con besos y una lengua que, te lo juro, tiene viva propia.
    
    —¿Y qué sentiste? En plan realmente.
    
    Raquel miró al cielo un segundo. Luego sonrió.
    
    —Sentí que estaba haciendo algo que no necesitaba hacer, pero quería compartir. Que no era por él, sino con él. Sentí dolor, sí. Pero también... un montón de cosas que no sé si son físicas o emocionales. Algo se abrió, y no solo en el sentido clínico.
    
    Justo en ese momento, al fondo del local, César apareció. Volvía del baño. Había llegado para buscarla sin que ella lo notara, y había escuchado más de la mitad de la conversación desde el pasillo de las sillas apiladas.
    
    —¿Una columna jónica, eh?
    
    Raquel se giró, roja como un tomate cherry.
    
    —¡¿Tú estabas ahí?!
    
    —Desde “Narnia sin abrigo”. Gracias por la metáfora, me la ...
    ... quedo.
    
    Las amigas soltaron carcajadas. Raquel se tapó la cara con las manos, pero rio también. César se encogió de hombros con media sonrisa.
    
    —Bueno, me alegra saber que he sido simbólico.
    
    Raquel lo miró, todavía sonrojada, pero con ternura.
    
    —Eres un símbolo con muchas peticiones extrañas. Pero me haces sentir... lo bastante segura como para probar cosas nuevas.
    
    César le guiñó un ojo, y ella le lanzó una servilleta.
    
    —Y tú deja de espiar conversaciones de señoras, Gandalf del ano.
    
    Todos rieron. Hasta Clara, que rara vez se reía.
    
    ***
    
    Era una tarde cualquiera, de esas que se estiran como chicles bajo el mullido del fin de semana. César y Raquel habían planeado verse en el parque. Sergio corría delante con una pelota chirriante, fingiendo que era jugador profesional, mientras ellos caminaban en paralelo.
    
    —Papá, ¿es verdad que te enamoras cada tres meses? —dijo Sergio de pronto, mirando de reojo a César—. Mamá dice que las chicas te duran lo que te duran las chaquetas, y luego ya no funcionan.
    
    Raquel se detuvo en seco. La oración le cayó como un puñetazo eléctrico: un comentario infantil que revelaba un guion sofisticado detrás.
    
    César tragó saliva. Se agachó al nivel de Sergio, con la expresión más neutra que supo forjar.
    
    —Sergio… nadie se enamora como las estaciones. A veces nos encaprichamos, sí; pero el amor de verdad se trabaja. Y no caduca en noviembre.
    
    El niño asintió con la pelota apretada contra el pecho.
    
    Raquel, sin decir palabra, ...
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