1. LNE (13). El bosque prohibido


    Fecha: 18/10/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: Schizoid, Fuente: TodoRelatos

    ... el colegio, como si yo no supiese nada. ¿Quieres que Sergio tenga problemas peores?
    
    —No exageres, Raquel solo quiere ayudar.
    
    —Ayudar es una cosa, meter la nariz donde no le llaman es otra. Ya veremos si esta niñata entiende eso antes de meter más la pata.
    
    El silencio que siguió estuvo cargado de desconfianza, con la sombra del colegio y el acoso acechando en el fondo.
    
    ***
    
    El silencio en casa de Esther tenía sonido. Ese zumbido de nevera veterana y el eco de unos tacones mal puestos. Ella estaba ahí, de pie en la cocina, bebiendo una copa de moscato que le sabía raro. En la encimera, una tostada mordida sin hambre. En la tablet, un episodio pausado a medias de una serie que ya no le hacía gracia. En el móvil: una nota de voz de Sergio.
    
    —Mami, Raquel me ha ensaldo a hacer arroz. No como el tuyo, pero se ríe cuando cocina. Me gusta eso.
    
    Esther lo escuchó. Luego otra vez. En la tercera, levantó una ceja.
    
    “Sí, claro. Que se ría ahora. Cuando descubra lo que es limpiar arroz pegado del fondo, se le acaba la alegría”
    
    Miró la nevera. Allí seguía la foto: ella y César con Sergio de bebé. Sonriendo todos como si la felicidad fuera barata, e inagotable.
    
    “Yo también me reía. En esa época hasta el lavavajillas me daba ternura”.
    
    Se agachó, apoyó la espalda contra los armarios, y soltó un suspiro que olía a frustración. No lloró, pero sus ojos se pusieron en modo “humedad controlada". Como una tormenta que solo amenaza.
    
    “¿Qué tiene ella? ¿Además de ...
    ... las tetas esas de actriz francesa indie?”
    
    Guardó silencio. Dio otro sorbo. Se le escapó una risa nasal.
    
    “Bah. Seguro ni sabe usar el centrifugado”
    
    Entonces se levantó. Enderezó la foto de la nevera. Se miró en el reflejo de la puerta del microondas, hizo una mueca y se recogió el pelo.
    
    “Vamos, Esther. A llorar con elegancia o no llorar nada”
    
    Y salió del encuadre como si tuviera público.
    
    Pero no había nadie. Solo la nevera. Y el vino. Y esa voz de niño que le había dicho, sin querer, lo que más dolía: que había empezado a encontrar madre en otra risa.
    
    ***
    
    Raquel y César estaban sentados en el sofá, cada uno con un vaso de vino medio olvidado en la mesa. La luz tenue creaba sombras que parecían subrayar la tensión entre ellos, esa mezcla rara de amor y guerra fría.
    
    —¿Sabes qué? —dijo Raquel, con la mirada fija en él—. Sigues dependiendo de Esther como si fuera tu línea de vida. Y yo aquí, fingiendo que eso no me está matando de celos. Y de hastío.
    
    César soltó una risa seca, sin humor.
    
    —¿Dependencia? Mi prioridad es Sergio, no fundar un club de fans para exmujeres vengativas.
    
    —Claro, tu hijo. Tu comodín emocional. Tu excusa brillante para mantener el contrato de servidumbre con tu ex. —Raquel se cruzó de brazos, con una media sonrisa venenosa—. Puedo perdonar casi todo: tus rarezas, tus manías, incluso tus frases de cuarentón en crisis. Pero usar a tu hijo como escudo… eso no.
    
    —¿Qué quieres? ¿Que le tire por la borda para que tú estés más ...
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