1. LNE (13). El bosque prohibido


    Fecha: 18/10/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: Schizoid, Fuente: TodoRelatos

    ... cómoda?
    
    —Quiero que dejes de usarlo como rehén de una guerra que ya tendría que haberse acabado. —Raquel lo miró con una mezcla de dolor y furia—. Que él no pague vuestras cuentas pendientes. ¿Tan difícil es?
    
    César apretó la mandíbula. Luego sonrió con ironía.
    
    —Difícil, no. Imposible, a veces sí. Pero tú también juegas. Esto no es solo cosa de Esther y de mí. Tú también estás ahí. Y Sergio, entre todos, se ha convertido en el campo de batalla.
    
    Raquel soltó una carcajada amarga.
    
    —Ah, qué bonito. El trío disfuncional. Me apunto a la terapia familiar con palomitas.
    
    —Al menos nos queda el sarcasmo para no reventar —dijo él, alzando el vaso en un gesto de brindis—. Aunque a veces no sé si sobrevivimos al amor o al veneno.
    
    Ella chocó su copa con la de él, con una sonrisa triste.
    
    —Que sobreviva el amor, porque aguantarte a ti ya es demasiado.
    
    El silencio cayó como una manta gruesa. Pesado. Ineludible. Pero no del todo hostil. Un silencio lleno de cariño desfigurado.
    
    ***
    
    Raquel dejó el abrigo sobre la silla con un gesto seco, como si le pesaran los huesos.
    
    —¿Sabes qué me agota? —dijo, mirándolo como si lo atravesara—. Que cuando Esther te llama, sales corriendo como si fuera la última cocacola del desierto. Sergio, Sergio… siempre él. Siempre el salvavidas que lanzas justo cuando yo empiezo a pensar que esto podría funcionar.
    
    César se encogió de hombros.
    
    —No puedo hacer desaparecer mi pasado. No soy mago.
    
    —¿No? Pues no estoy aquí para ser ...
    ... parte del truco. Ni tu asistente muda mientras ella tira de los hilos.
    
    Él la miró, y esta vez no lo disimuló: tristeza pura.
    
    —Mi pasado no es un canal que puedas cambiar cuando te aburres.
    
    —No, pero tampoco voy a quedarme atrapada en él. Huele a cadena oxidada y a excusas que ya no se sostienen. Y yo… no quiero barrer tus escombros. Quiero construir algo nuevo.
    
    César respiró hondo. El ambiente se tensaba como cuerda de violín.
    
    —¿Qué esperas que haga? ¿Ignorar a mi hijo? ¿Derrumbarlo todo para hacerte un guiño?
    
    Raquel dio un paso. No hacía falta más. El aire se volvió denso, casi eléctrico.
    
    —Quiero que me elijas. Que cuando Esther te llame, no te conviertas en su sombra. Que no seas el fantasma que se cuela en mis noches.
    
    —No es tan fácil —murmuró él—. Es mi vida. Mi caos. No puedo prometerte paz.
    
    Ella sonrió de lado. Irónica. Dolida.
    
    —Yo tampoco puedo prometer quedarme mientras te veo desangrarte en una historia que ya no es tuya. Lo que duele no es que estés atado a ellos. Es que pareces más cómodo encadenado que conmigo libre.
    
    Entonces, la ironía se quebró. Raquel bajó la cabeza. Los ojos le brillaban. La voz, temblorosa.
    
    —Tengo treinta años, César. No puedo ser madre de un niño de ocho. Ni de un adolescente de cuarenta. Ellos necesitan amor de verdad. Sin condiciones. Sin dramas. Y yo… yo merezco ser protagonista de mi historia. No una actriz secundaria flotando entre las ruinas de tu familia en bucle.
    
    El silencio volvió, denso como ...
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