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La clase del 79
Fecha: 20/10/2026, Categorías: Bisexuales Dominación / BDSM Sexo con Maduras Autor: CuentaCuentos, Fuente: SexoSinTabues30
Era en España, a finales de los 70, 1979, si no recuerdo mal. El aire todavía olía a cambio, pero en nuestras aulas, en el Instituto Nacional de Bachillerato Lope de Vega, lo que apestaba era la anarquía. Éramos la última promoción del antiguo régimen, o eso nos decían, pero la autoridad, si alguna vez existió, se había esfumado como el humo de los Ducados de los profesores, estaba más muerta que el dictador. Éramos la clase de los desahuciados, el vertedero donde la dirección juntaba a todos los que daban problemas, a los que ningún otro profesor aguantaba, la escoria, los que habían hecho dimitir a la última interina en dos semanas. Y ahí, en medio de ese caos de gritos, portazos, novias a escondidas en los baños y pitis fumados en el patio, apareció Paco. Decían que Paco era un profesor de la vieja guardia, había estado en el ostracismo, apartado en alguna especie de limbo administrativo, por cosas que se rumoreaba que no eran precisamente dar un azote con una regla, por sus métodos, que ya entonces, en aquellos tiempos convulsos, se consideraban… bueno, poco ortodoxos era un eufemismo amable. Nada éticos era más preciso. Pero necesitaban a alguien. Necesitaban a alguien que pusiera orden, costara lo que costara. Y a Paco le dieron carta blanca. Total, ¿qué más podíamos estropear nosotros? No tardó en quedar claro que Paco no era como los demás. Los primeros días fueron una tregua tensa. Él nos observaba, nosotros le desafiábamos con miradas, murmullos. Esperábamos ...
... la Bronca con mayúsculas. Pero él esperaba el momento justo, la transgresión perfecta para dar su golpe de efecto. Y entonces llegó el día de José. El rey del mambo. José, con su chándal y su sonrisa de perdonavidas, que igual te robaba el bocadillo que te defendía a hostias si le caías bien, destacaba por su descaro, por su total desprecio por las normas. Era el líder natural de nuestra manada, tenía carisma entre nosotros, incluso entre las chicas, que a la vez le temían y le admiraban. O al menos, lo era hasta esa mañana. Había montado una buena. No recuerdo qué exactamente, un jaleo de aúpa, gritos, insultos a Paco, mentándole la madre. Todos nos reíamos, esperando el número de siempre: la expulsión, la bronca, la nota a los padres que José tiraría a la primera papelera. Pero Paco no hizo nada de eso. Solo esperó a que José se callara, a que el eco de su propio desafío muriera en el silencio repentino de la clase. Y entonces, con una calma que helaba, lo llamó: «José, ven aquí», dijo Paco con una voz sorprendentemente tranquila. Sonaba a condena. José, con su chulería habitual, se levantó. Cruzó el aula pavoneándose un poco, sin saber lo que le esperaba. Se plantó ante el escritorio de Paco con los brazos cruzados. La clase entera contuvo la respiración. ¿Le iba a pegar? ¿Le iba a mandar a la calle? Paco extendió dos dedos de la mano izquierda, despacio. Los tenía finos, pero duros. Nos mirábamos unos a otros, sin entender nada. Eva, en primera fila, con sus ...