1. La clase del 79


    Fecha: 20/10/2026, Categorías: Bisexuales Dominación / BDSM Sexo con Maduras Autor: CuentaCuentos, Fuente: SexoSinTabues30

    ... ojos grandes y nerviosos, ya estaba temblando un poco. Siempre se emocionaba.
    
    «Escupe saliva aquí», ordenó Paco, sin levantar la voz.
    
    La sonrisa floja de José se congeló. «¿Qué?»
    
    «Saliva, José. Cuanta más saliva, menos dolerá», repitió Paco, su voz un hilo.
    
    El murmullo recorrió la clase. ¿Doler qué? José miró a Paco, luego a nosotros. Había algo en la mirada del profesor que no había visto nunca. Una determinación fría. José vaciló, dudó. Era un matón, sí, pero esto era raro. Algo instintivo le dijo que no era un juego. Aun así, la presión de su público, nosotros, le obligó a mantener la pose. Se inclinó un poco y, con un gesto desafiante, dejó caer un pegote de saliva sobre los dedos extendidos de Paco. No fue mucho.
    
    «Más, José. Te lo aconsejo», dijo Paco, levantando una ceja.
    
    A José se le había secado la boca, pero consiguió soltar un poco más de saliva.
    
    Paco asintió, como si el gesto fuera una confirmación. «Ahora gírate. Y apóyate en la primera fila de pupitres. De cara a tus compañeros.»
    
    La primera fila. Donde se sentaba Eva. Eva, la nerviosa, la que temblaba y tomaba pastillas para los nervios, la que se ruborizaba por nada y parecía a punto de explotar sin que supieras por qué. Se removió incómoda en su asiento, pero no se atrevió a moverse. José se giró, apoyando las manos en la madera de su pupitre, de cara a nosotros, la clase entera. Todavía no entendía. Ninguno de nosotros entendía qué coño iba a pasar. Paco lo entendía. Y Eva, joder, creo ...
    ... que Eva empezó a entenderlo antes que nosotros.
    
    Entonces lo vimos. Paco se agachó, con una lentitud deliberada que nos helaba la sangre, bajó los pantalones de chándal de José hasta los tobillos, y luego, despacio, los calzoncillos. José se quedó con el trasero al aire, inclinado sobre el pupitre de Eva, delante de treinta y siete pares de ojos. La clase entera se quedó petrificada. La risa contenida que había empezado a surgir se apagó. Esto no era una broma.
    
    Paco tomó un poco de la saliva de sus dedos y, con una parsimonia que lo hizo todo peor, la empezó a untar. No solo en las nalgas. Se aseguró de que llegara bien ahí dentro. La clase estaba en silencio total. Solo se oía la respiración agitada de José, y quizás la de Eva, sentada en su pupitre, expectante.
    
    Paco se desabrochó los pantalones. Lentamente. El cinturón, el botón, la cremallera. No se los bajó del todo, solo lo suficiente. La clase contuvo el aliento. Yo, desde mi sitio, observador como siempre, veía cada detalle. El vello oscuro en las piernas de Paco, su excitación, que se iba haciendo evidente.
    
    Y entonces, sin más preámbulos, Paco dio un empujón. José lanzó un gemido ahogado. Su rostro, de cara a nosotros, se descompuso. Asombro. Dolor. Sus puños se apretaron contra el pupitre, sus nudillos blancos. Paco dio otro empujón. Y otro. El sonido sordo, carne contra carne, resonó en el silencio. José se encorvaba un poco, pero no se resistía. No podía creer lo que estaba pasando. Nadie podía.
    
    Paco ...
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