-
Mi compañero de paja
Fecha: 25/10/2026, Categorías: Confesiones Autor: Susana, Fuente: CuentoRelatos
Por fin un área de descanso. No tenía gasolinera ni bar, pero no podía seguir conduciendo un minuto más. Estaba incómoda más que cansada. Hacía calor, la ropa me molestaba, no encontraba las gafas de sol, la botella de agua estaba en el maletero. Paré el coche. No se veía la autopista. Me acordé que se decía que había cancaneo gay en algunas áreas de descanso discretas como aquellas. Sentí un cosquilleo en el estómago como de miedo o excitación. No lo sabía muy bien. Eran las 4 de la tarde y había bastante tráfico en la autopista, aunque nadie en el área de descanso. Me quité la idea del miedo con un “no seas tonta niña”. Sin embargo, el cosquilleo de la excitación seguía ahí. Bajé del coche. Fui al maletero y bebí un trago largo de agua. Menos mal que no estaba muy caliente. Vi una fuente al lado de dos bancos y rellené la botella. Al notar el agua fresca me entraron unas ganas locas de mojarme el pelo, refrescarme la cara, las piernas. Miré alrededor. Seguía sin haber nadie. Puedo hacer pantalla con el coche y refrescarme. Me quedaban casi 300 km de viaje y seguro que no encontraba otro sitio como este. Regresé al coche, lo puse en marcha y lo dejé delante de la fuente. Abrí de nuevo el maletero y la puerta para que me ocultaran si llegaba alguien y poder meterme rápidamente en el coche. Me quité el pantalón y me puse una faldita que siempre llevo en viajes largos porque es muy fresca. Empecé a desabrocharme la blusa y me la quité. La doblé con cuidado y la guardé ...
... en la maleta junto al pantalón que me acababa de quitar. Abrí la fuente y me mojé el pelo, me lavé la cara y pasé mis manos mojadas por mis piernas y brazos. Era una sensación maravillosa después de lo pegajosa que sentía la piel. Más relajada me percaté que solo llevaba la falda puesta y el sujetador. Me reí yo sola de mi atrevimiento. ¿Por qué no? Dije en voz alta y me reí de nuevo. Me quité el sujetador y acaricié mis tetas también sudadas con mis manos húmedas. Un escalofrío me recorrió el cuerpo entero. ¿Qué estaba haciendo? Pensé. Mis manos seguían refrescando mis pechos. Pero estaban haciendo algo más. Mis dedos tenían vida propia. Mi cerebro no estaba ordenando que mis pezones disfrutaran con el roce de las yemas de mis dedos. Sin embargo, mi vista no me engañaba. Lo estaban haciendo. Levanté la vista asustada. La sola idea de que alguien me pudiera pillar haciendo algo así me daba pánico. O eso era antes de haber parado en aquella área de descanso. ¿Tendría algún afrodisíaco el agua de aquella fuente? Volví a reírme yo sola de lo tonta de la idea. ¿Me estaría volviendo loca? Miraba fijamente a la vía de acceso al área de descanso. Intenté sosegarme. Me apoyé en el coche, respiré hondo, bebí más agua y encendí un pitillo. No podía hablar tanto conmigo misma, pero seguía haciéndolo. ¿Qué me pasa hoy? Estoy aquí, en el medio de un sitio en el que puede llegar cualquier coche o camión enseguida y verme un hombre, una mujer, un adolescente o un niño, fumando un ...