1. Mi compañero de paja


    Fecha: 25/10/2026, Categorías: Confesiones Autor: Susana, Fuente: CuentoRelatos

    ... cigarrillo con las tetas a la vista.
    
    Sin embargo, el cosquilleo no cesaba. Ahora sí sentí que mi cerebro pedía cosas y mis manos obedecían y me acariciaban. Parecía como si fuera dos personas, una que observa y otra que hace. Lo extraño es que la que observa está viendo su propio cuerpo actuar sin poder controlar sus movimientos.
    
    Acabé de fumar y conseguí llegar a un punto en común entre mi cuerpo y mi cerebro y me dejé llevar. Me senté en el banco, mojé mis manos de nuevo y volví a acariciar todo mi cuerpo. Esta vez olvidando la culpa o vergüenza, disfrutaba del contacto de mis dedos permitiendo que la excitación se fuera apoderando de mí. Me quité también las braguitas que, en un arrebato de mi otro yo, tiré a la papelera. Sonreí al hacer canasta. Separé mis piernas, subí mi faldita hasta la cintura y mi dedo anular exploró mi cueva hasta que pidió otro dedo más. Sofocada ahora no solo por el calor, disfrutaba de la brisa que acariciaba mis pezones y erizaba todo mi vello en aquel banco a la sombra de un hermoso roble.
    
    A punto de llegar a un clímax inesperado, el motor de un coche rompió el momento. El pánico se apoderó de mí. Estaba a menos de dos metros del coche. Mi cerebro intentaba pensar. Había guardado la ropa que llevaba en la maleta y solo había sacado la faldita, pero no la camiseta que pensaba ponerme. Busqué con la vista el sujetador y lo encontré en el asiento de atrás. Bueno, es medio deportivo, pensé mientras me lancé literalmente al asiento para ...
    ... ponérmelo.
    
    Apareció el coche. Venía solo una persona. Me di cuenta que seguramente aparcaría cerca del mío porque era el único lugar a la sombra, allí estaba la única papelera y la fuente. Me miré en el espejito del parasol. ¡Mierda! Exclamé para mí. El sujetador no parecía para nada un sujetador deportivo, parecía un sujetador. No dejaba ver mucho, pero seguía siendo un sujetador. Decidí hacerme la dormida. Me tumbé en el asiento de atrás. Me di cuenta que no podía mover las piernas demasiado porque corría el riesgo de dejar mi coñito a la vista si miraba dentro. Y noté que aún seguía húmeda. A pesar del susto, del pánico, allí, fingiendo que dormía, la excitación no se había ido.
    
    Oí su motor apagarse y la puerta abrirse. Mis ventanillas estaban bajadas. Eran las 4 automáticas y no tuve tiempo de poner la llave en posición de arranque para subirlas. Escuché sus pasos, abrir y cerrar más puertas de su vehículo y luego el chorro de la fuente. Tenía que haber pasado ya por al lado de mi coche. Tenía que haberme visto en sujetador. Me subieron los colores, pero también la excitación. ¿Qué me pasaba? Me estaba excitando porque aquel desconocido podía verme en sujetador. No podía ser.
    
    ―Hola
    
    ¿Me estaba hablando? Tierra trágame, a pesar de lo cual abrí los ojos.
    
    ―Hola
    
    Me incorporé. No lo veía. Ahora sí. Estaba sentado en el banco en el que había estado yo antes sentada. Asomé solo la cabeza por la ventanilla
    
    ―¿Hablas conmigo? -pregunté tontamente pues no había ...
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