1. El sillón del orgasmo


    Fecha: 26/10/2026, Categorías: Fantasías Eróticas Autor: Carmen Pardo, Fuente: CuentoRelatos

    El domingo siguiente se casaba una vieja amiga de la infancia, y ese sábado por la noche celebraba su despedida de soltera en un local de la ciudad. A tal evento había invitado a sus cuatro mejores amigas que ya estaban todas casadas, entre las que evidentemente me encontraba yo. Todas habíamos pasado ya los cuarenta años. Nos dijo que el local que había elegido era muy curioso e innovador, pero que no lo conocía, ya que una compañera de su trabajo se lo había recomendado.
    
    Lo cierto es que estuve a punto de no poder acudir por culpa de los tremendos celos de mi marido, puesto que en los trece años de matrimonio nunca he salido por la noche sin él, pero al final le convencí haciéndole comprender que tan solo se trataba de tomar unas copas con unas buenas amigas, a las que él conocía perfectamente.
    
    El sábado, después de cenar, mi marido me llevó en el coche hasta el local donde habíamos quedado. Ya se encontraban allí dos de mis amigas acompañadas de sus maridos. Permanecimos en la puerta hasta que llegaron las otras dos. Una vez que estábamos todas, nuestros respectivos maridos y el novio de nuestra anfitriona se despidieron de nosotras y se marcharon.
    
    Parecía un local muy normalito. Se trataba de una especie de disco-pub y no había demasiada gente. En un lateral había una barra atendida por tres atractivas camareras. En el centro una gran pista de baile y alrededor mesas por todas partes, atendidas por varios camareros impecablemente vestidos. La música ...
    ... estaba bastante alta sin ser atronadora, lo que permitía hablar sin tener que chillar. Dejamos nuestros abrigos en el guardarropa y nos sentamos en una de las mesas. Uno de los camareros tomó nota de nuestro pedido. Al cabo de cinco minutos escasos nos sirvieron las copas. Luego comenzamos a bromear con nuestra amiga sobre su futuro matrimonio y la pérdida de libertad.
    
    Al cabo de quince minutos uno de los camareros se acercó hasta nuestra mesa y nos preguntó que si éramos las de la despedida de soltera. Cuando le dijimos que si, nos pidió por favor que le acompañáramos. Entre risas nerviosas nos levantamos y seguimos al camarero. Nos condujo hasta el fondo del local, dónde había tres puertas cerradas. De dos de ellas colgaban sendos carteles que indicaban los aseos de señoras y caballeros. De la otra colgaba un cartel que ponía “privado”.
    
    El camarero presionó disimuladamente una especie de timbre que había al lado de esa puerta. A los pocos segundos la puerta se abrió. Apareció un caballero muy bien vestido de unos cincuenta años que nos invitó a entrar. Una vez todas dentro el camarero se retiró y el otro hombre cerró la puerta con cerrojo tras de sí. Nos condujo por un estrecho pasillo hasta otro local. Era una habitación mas bien pequeña en la que había una escueta barra de bar, una mesa con seis sillas en el centro, un diminuto escenario flanqueado por gruesas cortinas rojas, una puerta que indicaba “aseo”, y otra puerta, a la derecha del escenario, sin ninguna ...
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