1. El sillón del orgasmo


    Fecha: 26/10/2026, Categorías: Fantasías Eróticas Autor: Carmen Pardo, Fuente: CuentoRelatos

    ... Inmediatamente después, la puerta lisa, que se encontraba ahora a mi derecha frente al monitor, se abrió. De su interior surgió una silueta de mujer, vestida de negro y con una máscara en la cara, que, sin dirigirme la palabra comenzó a operar el sillón. Primero me colocó dos correas en las muñecas, las cuales fijó a cada uno de los apoyos laterales del sillón, inmovilizándome totalmente los brazos.
    
    Después hizo lo propio con mis tobillos, sujetándomelos al faldón del sillón por medio de dos pequeños grilletes. Luego me colocó una correa más larga, a la altura de mi cintura, la cual abrochó por detrás del sillón, dejando mi cuerpo literalmente pegado al respaldo. Por último reguló el reposacabezas para situarlo a mi altura y desapareció, sin despedirse, por la misma puerta que había entrado.
    
    A los pocos segundos una nueva silueta tomó forma en el umbral de la misteriosa puerta. Esta vez se trataba de un hombre, que también portaba una máscara en su cara. A medida que se iba acercando hasta mí pude comprobar que estaba completamente desnudo, a excepción de un diminuto tanga que delataba su enorme paquete. Era un tipo alto y muy musculoso, de raza negra. Al llegar al sillón, accionó un mecanismo oculto y comenzó a oírse un zumbido mecánico.
    
    Primero el faldón del sillón pareció partirse en dos, separándome las piernas. Luego, la mitad del asiento se plegó hacia dentro, de tal forma que mi coño quedaba totalmente abierto y suspendido en el aire. Pese a todo, el sillón me ...
    ... seguía resultando cómodo. El hombre se arrodilló entre mis piernas y comenzó a acariciar mi sexo con una de sus enormes manos. Frotaba mis labios vaginales y me pasaba un dedo suavemente desde el clítoris hasta el mismísimo ano. Aquello comenzó a ponerme cachonda y a humedecer mi sexo. En un momento dado, uno de sus dedos fue profundizando entre mis labios vaginales hasta penetrarme. Entonces comenzó a meterlo y sacarlo al mismo tiempo que hundía su cabeza entre mis piernas y me lamía el clítoris. Pasados unos segundos, sin dejar de mover su lengua, su dedo se salía de mi vagina y comenzaba a inspeccionarme el ano. Tras un suave forcejeo hundió su dedo en mi ano hasta hacerlo desaparecer en él. Ahora su dedo entraba y salía de mi ano al mismo tiempo que me frotaba el clítoris con la punta de su lengua, y otro de sus dedos me penetraba nuevamente el coño. Entonces comencé a experimentar un tremendo orgasmo que me hizo gemir de placer.
    
    Cuando mi orgasmo amainó, el hombre se incorporó del suelo y se quitó el tanga. Tenía el miembro enorme y completamente erecto. Entonces accionó otro mecanismo que hizo subir al sillón hasta que mi coño se situó a la altura de su pubis. Apuntó aquella tremenda herramienta entre mis labios vaginales y fue empujando lentamente hasta que su glande me penetró. Luego, ya sin la ayuda de sus manos, empezó a metérmela muy despacio hasta conseguir clavarla entera, a pesar de su tamaño.
    
    Entonces comenzó a follarme despacio. Poco a poco la velocidad ...
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