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El sillón del orgasmo
Fecha: 26/10/2026, Categorías: Fantasías Eróticas Autor: Carmen Pardo, Fuente: CuentoRelatos
... pequeño flanqueado por dos botones a cada lado, que se encontraba empotrado en la pared, muy similar a un cajero automático bancario. Bajo el monitor había una especie de tapa de aluminio, así mismo empotrada en la pared. Entonces en el monitor comenzaron a aparecer letras verdes muy luminosas sobre un fondo negro. La frase rezaba: “Bienvenida a la silla del orgasmo. Por favor, para comenzar la sesión pulse el botón rojo”. A pesar de estar realmente nerviosa e intranquila la curiosidad me pudo y apreté el botón indicado. La leyenda anterior desapareció, y en su lugar salió otra: “Antes de comenzar es condición obligatoria que se desnude por completo y deposite su ropa en el habitáculo de abajo. una vez efectuado este requisito, pulse el botón verde”. Al mismo tiempo sonó un zumbido suave y la tapa de aluminio, situada bajo el monitor, se abrió dejando al descubierto un pequeño cajón. Aquella situación era algo surrealista, pero, qué demonios, sentía verdadera curiosidad por el tema, así que sin pensármelo dos veces comencé a quitarme la ropa. A medida que me iba despojando de prendas las iba depositando en el cajón. La blusa, el pantalón y los zapatos. Entonces apreté el botón verde. Un nuevo mensaje apareció en la pantalla: “Por favor, debe depositar toda la ropa en el cajón”. Aquello me dio a entender que alguien me estaba observando por una especie de cámara oculta, lo que me provocó una doble sensación de miedo y excitación. Tras nos segundos de pausa ...
... decidí continuar hasta el final. Me quité los panties, el sujetador y las bragas, depositándolas en el cajón. Volví a presionar el botón verde. Esta vez no hubo más mensajes. El zumbido volvió a sonar, cerrándose la tapa de aluminio con mi ropa dentro. Y allí me encontraba, en un lugar desconocido, sin saber lo que se me avecinaba y encerrada a cal y canto en una curiosa habitación, como Dios me trajo al mundo. Entonces una luz roja, procedente de varios focos ubicados en el techo, iluminó tenuemente la estancia. Era más bien pequeña, calculé unos cuatro metros de longitud por dos metros de anchura. Desde mi posición, en la pared de enfrente se encontraba el monitor anteriormente citado, y el habitáculo por donde había desaparecido toda mi ropa. Detrás tan solo había una puerta completamente lisa, sin picaportes ni cerraduras. A mi derecha se encontraba la puerta bloqueada por la que había accedido a la estancia, y a la izquierda, un curioso sillón negro anatómico con multitud de accesorios, similar al de un dentista. El suelo estaba enmoquetado con una mullida y acogedora alfombra, que evidentemente estaba diseñada para estar descalza sin pasar frío. El monitor volvió a parpadear. “Por favor, acomódese en el sillón”. Debo reconocer que aquella situación me resultaba algo violenta, pero, ¡qué caramba!, había dado el paso de desnudarme y tenía curiosidad por saber el desenlace de toda aquella parafernalia. Me dirigí hasta el sillón negro y procedí a sentarme. ...