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El sillón del orgasmo
Fecha: 26/10/2026, Categorías: Fantasías Eróticas Autor: Carmen Pardo, Fuente: CuentoRelatos
... de sus caderas iba en aumento y mi coño no paraba de abrirse y rezumar flujo. Tardé menos de dos minutos en encadenar tres orgasmos consecutivos de una intensidad que no conocía hasta ese momento. Luego bajo de nuevo el ritmo y continuó follándome muy lentamente. De pronto apareció otro negro en la habitación, del mismo estilo que el anterior e igualmente protegido con máscara. Se acercó hasta el sillón y, mientras el otro seguía jodiéndome el coño, se colocó a horcajadas sobre mi pecho. Bajo una cremallera situada en el centro de su tanga, se sacó la polla, que también era de un tamaño considerable a pesar de encontrarse semi-erecta, la apuntó hacia mi cara y comenzó a mearse. En un primer momento sentí repulsión al notar su orina caliente en mi rostro, pero poco a poco me fue dando tal morbo que terminé por abrir mi boca para permitir que el potente chorro me penetrara dentro. Incluso reconozco que llegué a tragar parte de su lluvia dorada. Cuando terminó de mear, me la metió en la boca y yo comencé a chupársela. Poco a poco su rabo comenzó a adquirir una gran dureza. La negra piel de su prepucio se fue retirando hacia atrás dejando al descubierto el capullo, el cual comencé a lamer con verdadera excitación y ansia. En ese momento, el bombeo de su amigo me produjo un nuevo orgasmo. Minutos después el negro que tenía encima me sacó su polla de la boca y me acercó sus hermosos testículos. Adivinando sus deseos comencé a lamerle los huevos mientras él se masturbaba. ...
... De vez en cuando me la metía en la boca para que se la mamara un rato y luego volvía a ofrecerme sus huevos mientras se masturbaba. Todo ello sin que su amigo parara de joderme un solo instante. En un momento dado, el tipo que me estaba follando me preguntó, con voz grave, si podía correrse dentro de mi coño. Yo le respondí que lo hiciera, ya que tomo la píldora anticonceptiva con regularidad, así que aceleró su bombeo hasta alcanzar un ritmo frenético. Entonces me sobrevino un nuevo orgasmo, justo en el momento en el que comencé a sentir su leche quemándome las entrañas. Seguía descargando su semen dentro de mi coño, cuando la polla que tenía en la boca soltó un potente chorro de lefa en mi garganta, y luego otro, y después otro más. Estaba tan excitada que no dude un solo segundo en tragar hasta la última gota de aquel cuajo tibio y espeso. El otro negro había descargado sus huevos en mi coño. Luego los dos tipos desaparecieron por la puerta interior. De nuevo salió la mujer que me había atado al sillón. Se acercó hasta mí, y, antes de desatarme, empezó a lamer los restos de semen que tenía en la comisura de mis labios. Después se agachó e hizo lo propio con los de mi coño. Aquello me dio tanto morbo que me corrí de gusto mientras me lavaba el coño con su lengua. Finalmente me liberó de mis ataduras y desapareció por la puerta, que esta vez se cerró tras de sí. Cuando me levanté del sillón, me temblaban las piernas. Además, era la primera vez que perdía la cuenta de ...